Visitar la República Checa
La República Checa destaca por su patrimonio arquitectónico y sus paisajes de colinas. Entre las calles medievales de Praga, los castillos de Bohemia y las montañas de Moravia, el país ofrece una experiencia diversa.
Praga: una capital con encanto atemporal
Praga, conocida como la ciudad de las cien torres, funciona como un museo al aire libre. Su centro histórico, protegido por la UNESCO, alberga joyas como el puente Carlos, la plaza de la Ciudad Vieja y su famoso reloj astronómico. Al otro lado del río Moldava, el castillo de Praga domina la silueta urbana y custodia la catedral de San Vito. Para un ambiente más local, el barrio de Malá Strana permite recorrer calles empedradas y palacios barrocos.
Castillos y pueblos de Bohemia
Bohemia concentra castillos impresionantes, como el romántico castillo de Karlštejn, fundado por Carlos IV en el siglo XIV. Hacia el sur, Český Krumlov es una de las localidades más destacadas, con un núcleo medieval muy bien conservado y un castillo que se alza sobre un meandro del río Moldava. Si buscas lugares menos transitados, el pueblo de Telč cautiva con sus casas de colores con fachadas rematadas en piñón y su plaza renacentista.
Montañas y bosques de Moravia
Al este del país, Moravia exhibe colinas ideales para el senderismo y el cicloturismo. El parque nacional de Podyjí, junto a la frontera con Austria, cuenta con rutas entre desfiladeros boscosos y viñedos. Más al norte, la cordillera de los Montes de los Gigantes atrae a los amantes de la naturaleza, con cumbres que superan los 1.600 metros y pistas de esquí durante el invierno.
Ciudades balneario y cultura del bienestar
La República Checa es conocida por sus estaciones termales, empezando por Karlovy Vary, famosa por sus fuentes calientes y sus edificios de la Belle Époque. La ciudad de Františkovy Lázně, más tranquila, invita a la relajación. Los baños de Luhačovice, en Moravia, son otra opción, con aguas ricas en minerales y una arquitectura característica de principios del siglo XX.
Cocina generosa con influencias germánicas y eslavas
La gastronomía checa es contundente, ideal para acompañar con cerveza local. Entre los platos básicos, destaca el svíčková, carne de vacuno asada con salsa de nata y servida con knedlíky (bolas de masa de pan). El vepřo knedlo zelo, plato nacional por excelencia, combina cerdo asado, chucrut y estas mismas bolas de masa. Para el postre, el trdelník, una masa enrollada y caramelizada, es un clásico de los puestos callejeros.
¿Cuándo ir?
La mejor época depende de lo que busques. La primavera y el otoño son perfectos para recorrer Praga y otras ciudades históricas sin las multitudes del verano. El invierno aporta un aire de cuento, especialmente con los mercadillos de Navidad, mientras que el verano es ideal para caminar por la montaña o asistir a eventos como el Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary en julio.
¿Cómo llegar?
Desde España existen vuelos directos a Praga (con una duración aproximada de 2h 30min desde Madrid o Barcelona). Los precios oscilan entre 80 y 250 EUR según la temporada. También es posible llegar en tren o autobús desde Alemania, Austria o Polonia.
¿Cómo moverse?
La red ferroviaria checa es densa y permite conectar fácilmente las ciudades principales. Los autobuses son una alternativa económica, sobre todo para llegar a castillos y pueblos apartados. En Praga, el transporte público es muy eficiente, con metro, tranvías y autobuses que funcionan con abonos diarios muy prácticos para los visitantes.