Visitar la Casa Danzante
La Casa Danzante es un edificio emblemático de Praga, tanto por su diseño arquitectónico rupturista como por la historia que encierra sobre una ciudad que dejó atrás el comunismo soviético en 1989 mediante la Revolución de Terciopelo. La idea de levantar una construcción simbólica en este lugar fue del entonces presidente de la transición checa, Václav Havel. El solar había quedado en ruinas tras los bombardeos estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial y permaneció vacío durante casi 50 años.
Un edificio símbolo de libertad
La Casa Danzante evoca el sentimiento de libertad que sintió la población checa tras la caída del comunismo en Europa del Este. El primer arquitecto en trabajar en el proyecto, Vlado Milunić, quien fue designado por Václav Havel, imaginó un edificio que reflejara la ruptura vivida por la sociedad en aquel momento. En un principio, el edificio debía representar los valores de la época albergando un centro cultural y social.
Sin embargo, la parcela fue adquirida por el grupo bancario neerlandés ING en 1992 para instalar sus oficinas. Aunque se mantuvo el espíritu original del proyecto, la multinacional exigió que los responsables se asociaran con un arquitecto de renombre internacional.
Una obra arquitectónica de Frank Gehry
De esta forma, Frank Gehry, el célebre arquitecto deconstructivista estadounidense de origen canadiense, se unió al proyecto en los años 90. Él diseñó dos edificios contrapuestos que dialogan con la historia de la República Checa y que, según el propio arquitecto, evocan al famoso dúo de bailarines Fred Astaire y Ginger Rogers.
Por un lado, una estructura recta de hormigón se integra con la arquitectura tradicional de los alrededores. Su fachada, salpicada de ventanas y líneas curvas, aporta un toque de fantasía. A la izquierda, una segunda torre ondulada parece apoyarse en su pareja, como si ambos estuvieran inmersos en un paso de baile lleno de energía.
La Casa Danzante, del arquitecto Frank Gehry, es un edificio contemporáneo emblemático de Praga. A unos cientos de metros del centro, se encuentra a orillas del río Moldava. Su forma ondulada puede evocar (con mucha imaginación) la de una pareja bailando. Allí se puede encontrar una galería de arte, un restaurante y una terraza panorámica en la azotea. Está bien, aunque tampoco es increíble en comparación con otras obras modernas de la ciudad.