Visitar el Reloj astronómico de Praga
El Reloj astronómico de Praga es uno de los legados más valiosos de la Europa medieval. Su construcción comenzó en 1410 y el mecanismo fue perfeccionado con el paso del tiempo, destacando la labor del maestro relojero Hanus. La leyenda cuenta que, para evitar que el reloj fuera replicado en otra ciudad europea, las autoridades locales decidieron dejarlo ciego una vez completada la obra.
Un extraordinario dispositivo de medición del tiempo
El reloj se encuentra en la fachada sur del ayuntamiento de Praga. En realidad, ofrece ocho medidas del tiempo diferentes. Sobre un fondo que representa la tierra y el cielo en distintos momentos del día se articulan cuatro elementos móviles. El más pequeño corresponde al círculo zodiacal, que proporciona indicaciones sobre el signo astrológico y el decanato del momento. A continuación, dos de las manecillas representan la posición de la luna y del sol en el cielo. En cuanto a los círculos exteriores del cuadrante, uno indica la hora local en números romanos, y el otro, la antigua hora checa, representada con números góticos. Por último, el mecanismo indica también la hora solar, las fases lunares y el tiempo sidéreo.
Una obra de arte que cobra vida cada hora
El reloj ha resistido múltiples daños, incluyendo un intento de incendio por parte de las tropas alemanas en 1945. Algunas renovaciones han modificado ligeramente su estructura, como las figuras que desfilan cada hora hasta las 21:00 en un orden preciso. Primero aparecen los doce Apóstoles, seguidos por distintas figuras alegóricas que se mueven alrededor del cuadrante: la Muerte, el Turco, el hombre vanidoso, el Avaro y finalmente el gallo.
Un segundo medallón realizado en 1886 por el pintor Josef Mánes, situado debajo del reloj, representa el calendario anual, ilustrado con diversas escenas tradicionales de la vida cotidiana en Bohemia.
El reloj en sí mismo es, efectivamente, un imprescindible de la ciudad. Su mecanismo, su aspecto (que parece sacado directamente de una película de fantasía) y las leyendas que lo rodean merecen mucho la pena. Pero, como en todas partes en Praga, la multitud de visitantes, alias fotógrafos intercambiables que solo están ahí para alimentar su cuenta de Instagram, estropean la magia del lugar. Si no quieren verse en medio de una marea de turistas haciéndose selfies, visiten Praga fuera de temporada. Créanme, la ciudad merece totalmente la pena.