Lieja en pocas palabras
Como capital de la Valonia y tercera ciudad de Bélgica, Lieja es un destino que a menudo pasa desapercibido para el viajero español. Sin embargo, su cercanía con las fronteras y su casco histórico medieval la convierten en una opción perfecta para una escapada de fin de semana.
Un pasado que sigue vivo
Ubicada en un punto estratégico entre Francia, Alemania y los Países Bajos, Lieja destaca por su patrimonio histórico, con cerca de 400 monumentos protegidos. Pasear por su centro es un ejercicio de arquitectura a cielo abierto, donde conviven estilos de distintas épocas. Es imposible mencionarlos todos, pero destacan la catedral de San Pablo, construida entre los siglos XIII y XV, el Ayuntamiento de Lieja (conocido como La Violette), que data del siglo XVIII, el Palacio de los Príncipes-Obispos, edificado entre los siglos XVI y XIX, y la Ópera Real de Valonia, del XIX. La abundancia de iglesias y colegiatas atestigua la profunda influencia religiosa que ha marcado el carácter de la ciudad.
No te pierdas la Cité-Miroir, unos antiguos baños termales públicos reconvertidos en un espacio dedicado a exposiciones y espectáculos. Si te interesa el arte y la arqueología, dedica al menos media jornada al museo Grand Curtius, instalado en un antiguo palacio y con más de 5000 metros cuadrados de colecciones que incluyen artes decorativas, arqueología local, arte mosano y armería.
Aire fresco y gastronomía local
Lieja es una ciudad con un pulso moderno, algo que queda patente nada más llegar a la estación de Lieja-Guillemins. Esta impresionante estructura de cristal y acero fue proyectada por el arquitecto español Santiago Calatrava en pleno siglo XXI. Para estirar las piernas, nada mejor que la Montagne de Bueren, una empinada escalera de 374 peldaños que te recompensará con una vista panorámica sobre la zona de la Ciudadela. Los senderos de los Coteaux de la Citadelle son un clásico para las familias locales los fines de semana, ofreciendo terrazas verdes ideales para pasear o hacer un pícnic. Un poco más allá, el Bois des mineurs te sumerge rápidamente en un ambiente de bosque denso. Termina tu recorrido explorando los callejones del barrio de Hors-Château, flanqueados por antiguas casas señoriales engalanadas con flores durante los meses cálidos.
Cuando el hambre apriete, llega el momento de probar la gastronomía valona. La gran protagonista es la gaufre liégeoise (gofre de Lieja), que encontrarás en casi cualquier rincón, aunque es preferible comprarla en una pastelería artesanal. El establecimiento Une Gaufrette Saperlipopette, en la rue des Mineurs, es uno de los más reputados. Para comer algo más contundente, pide unos boulets (albóndigas de cerdo y ternera con salsa de sirope de Lieja) acompañados de una cerveza artesanal.
Cuándo ir
El clima en Lieja no presenta variaciones extremas. El verano ofrece temperaturas agradables, aunque es habitual que llueva. El resto del año el cielo suele estar gris, pero las temperaturas rara vez son gélidas.
Cómo llegar
Llegar a Lieja es sencillo. En coche, el trayecto desde París dura unas 3 horas y 50 minutos. También puedes optar por el tren, ya que el Thalys conecta con Lieja en apenas 2 horas y 30 minutos. Si viajas desde el sur o el oeste de Francia, lo más habitual es volar hasta Bruselas y, desde allí, tomar un autobús o un tren que te llevará a Lieja en una hora.
He estado allí dos veces. Al principio, me costó entender el apodo de "cité ardente" que le dan a la ciudad, que es poco turística. Hay que tomarse el tiempo de descubrir y redescubrir Lieja para apreciarla. Es una ciudad dinámica y acogedora, muy agradable gracias a su ambiente provincial. Ofrece varios museos que merecen la pena, especialmente el Museo de la Vida Valona y el Museo de Arte Moderno. Los domingos, un mercado inmenso permite comprar buenos productos regionales. Hay muchas rutas de paseo o senderismo posibles hacia la Montaña de Bueren y los Coteaux de la Citadelle. Aunque Lieja no tiene la belleza de Bruselas o Brujas, os recomiendo pasar allí un fin de semana.