Tula de Allende, la capital olvidada que cimentó el México antiguo
Te encuentras a solas frente a cuatro guerreros de basalto que te observan desde hace más de mil años. Cuatro colosos de 4,60 metros, erguidos sobre la cima de una pirámide, con la mirada perdida en el horizonte seco del Valle del Mezquital. Aquí no hay palos selfi ni colas de espera.
Bienvenido a Tula de Allende, la antigua capital de los toltecas, una civilización tan venerada que los propios aztecas se consideraban sus herederos. El sitio se encuentra a apenas dos horas de Ciudad de México, pero aquí la masificación de Teotihuacán parece un recuerdo lejano.
Una excursión ideal, no un destino de estancia prolongada
Seamos claros. Tula de Allende se recorre en un día, rara vez más. La ciudad moderna es un núcleo económico regional impulsado por su refinería de petróleo y una central termoeléctrica. No busques el cuidado encanto colonial de San Miguel de Allende. Es una población mexicana convencional, animada los fines de semana en torno a su mercado y a la Plaza de la Constitución, pero tranquila el resto de los días. Su valor es puramente arqueológico y gastronómico.
Este lugar es perfecto para los apasionados de la historia precolombina que buscan salirse de las rutas trilladas, para quienes se hospedan en la capital y quieren una excursión de un día diferente, o para los que desean comprender el vínculo entre toltecas, mayas y aztecas sin el agobio de los grandes destinos. Si buscas vida nocturna, hoteles boutique para Instagram o un patrimonio colonial deslumbrante, este no es tu sitio.
Información práctica: una excursión sencilla desde Ciudad de México
La ciudad es segura y fácil de acceder. El estado de Hidalgo no presenta problemas de seguridad especiales para los viajeros. El clima es semiárido, cálido en verano (25-30°C) y suave en invierno (12-17°C), con escasas precipitaciones. El español es la única lengua útil aquí, así que no esperes encontrar mucha gente que hable inglés, ni siquiera en los hoteles. Las infraestructuras turísticas son modestas, lo cual forma parte de su autenticidad.
Un presupuesto muy accesible
Tula es una de las excursiones más económicas que puedes hacer desde Ciudad de México. Calcula unos 200-300 MXN (10-15 EUR) para el trayecto de autobús de ida y vuelta, 90 MXN (4,50 EUR) por la entrada al sitio arqueológico en días laborables (gratuita los domingos). Una comida completa en el Mercado Felipe Carbajal Arcia cuesta entre 80-150 MXN (4-7 EUR). El presupuesto total para el día oscila entre 400 y 700 MXN, es decir, unos 20 a 35 EUR.
Los Atlantes y la zona arqueológica: el plato fuerte
Vienes por ellos y merecen totalmente la pena. Los cuatro Atlantes de Tula son columnas esculpidas en basalto, cada una con un peso superior a las ocho toneladas. Representan a guerreros toltecas con penachos de plumas, armados con lanzadardos y con el pecho protegido por un pectoral en forma de mariposa. Estas figuras servían de pilares para sostener el techo del Templo de Tlahuizcalpantecuhtli, el templo de la estrella de la mañana, dedicado a Quetzalcóatl en su advocación como planeta Venus.
Es un hecho que el sitio es más pequeño que Teotihuacán, pero esta escala tiene una ventaja: puedes subir a la parte superior de la Pirámide B y encontrarte cara a cara con los Atlantes, casi pudiendo tocarlos, mientras disfrutas de una vista panorámica del valle. El Palacio Quemado, llamado así por las marcas de un incendio antiguo, despliega un laberinto de columnas que recuerda extrañamente a Chichén Itzá. No es casualidad, ya que las conexiones entre los toltecas y los mayas de Yucatán siguen siendo uno de los grandes enigmas de la arqueología mesoamericana.
No te pierdas el Coatepantli, el muro de las serpientes, decorado con relieves que muestran serpientes devorando esqueletos humanos. El juego de pelota, aunque menos espectacular que el de Chichén Itzá, permite entender la importancia ritual de este deporte sagrado. Al pasear por los alrededores del yacimiento, es posible que pises restos de cerámica tolteca milenaria. Hay tantos fragmentos en el suelo que los arqueólogos ya ni siquiera les prestan atención.
Consejo de amigo: llega a la apertura, a las 9h, especialmente los domingos (entrada gratuita pero más afluencia). Los primeros visitantes disfrutan de los Atlantes en un silencio casi místico. A partir de las 11h, llegan los grupos escolares. El museo del sitio, la Sala de Interpretación Guadalupe Mastache, merece unos veinte minutos para poner en contexto lo que acabas de ver.
El centro colonial y sus murales
Tras la visita arqueológica, baja al centro de Tula para descubrir otro capítulo de su historia. La Catedral de San José es un antiguo convento franciscano construido entre 1546 y 1556, uno de los primeros de México. Su fachada masiva parece más una fortaleza que un templo. En el interior, las nervaduras de la bóveda están doradas y el claustro alberga frescos coloniales que representan a santos como San Pablo, San Pedro y María Magdalena.
Un detalle curioso: una pintura mural moderna en el altar principal muestra a Jesús compartiendo platos tradicionales mexicanos en familia. Esa mezcla entre lo sagrado y la cultura popular resume bien el espíritu del lugar. En la Plaza de la Constitución, justo al lado, un teatro al aire libre acoge eventos locales, enmarcado por un mural titulado "Tula Eterna", obra de Juan Pablo Patiño Cornejo.
El Mercado de Artesanías, frente a la plaza, ofrece réplicas en miniatura de los Atlantes, pipas y objetos hechos de fibra de cardón y nopal, tallados a mano por artesanos locales. Es el recuerdo ideal, muy alejado de los imanes de nevera industriales.
Senderismo y naturaleza en los alrededores
Para quienes deseen alargar la visita, Tula tiene algunas sorpresas naturales. El Parque Nacional Tula abarca la zona arqueológica y las colinas que la rodean, con senderos fáciles para caminar. La ruta circular que rodea el parque permite ver las pirámides desde otro ángulo, pero no olvides el sombrero y la crema solar: la sombra brilla por su ausencia.
Las cascadas de El Fresno, a unos 25 minutos del centro en coche, son un buen lugar para un pícnic. Más exigente, el Cerro Grande es una reserva ecológica con caminos rocosos que llevan a una cima con vistas panorámicas de todo el estado de Hidalgo. El Cerro de la Malinche, al que se llega caminando desde la zona arqueológica, alberga petroglifos que pocos visitantes se molestan en buscar.
¿Dónde comer y beber en Tula de Allende?
El estado de Hidalgo es la cuna de la barbacoa, ese cordero envuelto en hojas de maguey y cocinado toda la noche en un horno excavado en la tierra. Los fines de semana es un ritual: los puestos del Mercado Felipe Carbajal Arcia sirven tacos de cabeza y barbacoa acompañada de su consomé hirviendo y salsa borracha a base de chile pasilla y pulque. Es un plato contundente, grasoso y muy reconfortante.
Para una experiencia más gastronómica, el corredor de restaurantes en la carretera Tula-Refinería ofrece especialidades regionales atrevidas: escamoles (larvas de hormiga, conocidas como el caviar mexicano), chinicuiles (gusanos de maguey), chapulines (saltamontes tostados), conejo en salsa de ajo y sopa de flor de calabaza. El restaurante Los Negritos, a pocos pasos de la plaza principal, es una apuesta segura para probar estas curiosidades en un ambiente familiar, con salsas de molcajete hechas al momento. Calcula unos 18 USD por persona con comida completa y bebida incluida.
Consejo de amigo: la barbacoa se sirve tradicionalmente solo los sábados y domingos por la mañana. Si vienes entre semana, te la perderás. Acompáñala con un vaso de pulque fresco, la bebida fermentada de agave ancestral de la región.
¿Dónde dormir en Tula de Allende y alrededores?
La oferta hotelera es sencilla. En el centro, el Hotel Real Catedral y el Hotel Cuellar ofrecen habitaciones correctas por 500 a 900 MXN la noche (25-45 EUR). Para mayor comodidad, el Hotel Real del Bosque Golf and Spa, en las afueras, cuenta con jardines, campo de golf y spa, con precios a partir de 1 500 MXN (75 EUR) la noche aproximadamente.
La mayoría de los visitantes hacen el viaje de ida y vuelta desde Ciudad de México en el día, y la verdad es que es el formato más lógico. Si decides pernoctar para estar en el sitio arqueológico nada más abrir, reserva un sábado por la noche para combinar la visita matutina del domingo (gratuita) con la barbacoa del fin de semana.
¿Cómo llegar y moverse por Tula de Allende?
Desde Ciudad de México, hay autobuses que salen aproximadamente cada hora desde la Terminal del Norte (estación de metro Autobuses del Norte, línea 5). El trayecto dura 1h45 y cuesta entre 100 y 150 MXN (5-7 EUR) por trayecto. La estación de autobuses de Tula se encuentra en la calle Xicoténcatl, a unos minutos a pie del centro peatonal a través de la calle Quetzalcóatl.
En coche desde Ciudad de México, tardarás menos de dos horas por la autopista 57 Norte, saliendo en el km 77. Es también una parada lógica si viajas de la capital a Querétaro o San Miguel de Allende. La zona arqueológica de Teotihuacán se encuentra a una hora y media de camino, lo que permite combinar ambos sitios en un fin de semana. Para quienes llegan desde España o Europa, el aeropuerto de llegada es Ciudad de México (MEX), con vuelos directos desde París-CDG.
En la ciudad, el centro se recorre a pie. Para ir al sitio arqueológico desde el centro, calcula 20-25 minutos caminando por el sendero peatonal que bordea el Río Tula, o toma un autobús local (parada "Elektra" cerca de la estación de autobuses, bajando en el Boulevard Tula cerca de la entrada del sitio). Los fines de semana, un Tulabus turístico conecta el centro con la zona arqueológica.
¿Cuándo ir?
La mejor época abarca de octubre a mayo, cuando las temperaturas son agradables (15-25°C) y las lluvias son casi inexistentes. Los meses de marzo a mayo ofrecen los precios de alojamiento más bajos. Evita julio y agosto si te molesta el calor: el sol pega fuerte en esta meseta semiárida sin apenas sombra. El domingo es el mejor día de la semana para visitar, gracias a la entrada gratuita al sitio y a la barbacoa en el mercado.
La ciudad de Tula no tiene ningún interés en sí misma, salvo por su yacimiento arqueológico tolteca. Es una ciudad industrial cerca de la capital, de donde escapan las columnas de humo de las fábricas... ¡Menos mal que los toltecas construyeron en este lugar para darle un poco de encanto!