Visitar el templo de Wat Chedi Luang
El templo de Wat Chedi Luang se encuentra en el corazón de la ciudad vieja de Chiang Mai. Su nombre significa Chedi Real y hace referencia a su ubicación, justo al lado del antiguo palacio de la ciudad.
Historia
Su construcción comenzó alrededor de 1391. Originalmente, el recinto estaba destinado a albergar las cenizas del rey Phra Chao Ku Na. Su hijo ordenó levantar un pabellón con forma de chedi al que llamó Ku Luang, un término que se traduce como gran santuario majestuoso.
Para honrar la memoria de su padre, añadió un árbol de plata con ramas y hojas doradas, además de dos imágenes de Buda hechas de oro y plata. Aunque inició la construcción de un muro protector, falleció antes de ver la obra terminada.
Hubo que esperar hasta 1475 para que las obras concluyeran finalmente. El edificio, de 85 metros de altura, llegó a custodiar más de 28 000 reliquias de Buda y diversos objetos preciosos. Incluso albergó durante un tiempo al legendario Buda de Esmeralda.
En 1545, un terremoto devastó la ciudad y el templo. Posteriormente, durante una etapa de inestabilidad, el imperio birmano invadió la zona y saqueó el lugar. Despojado de sus tesoros, el templo permaneció en estado ruinoso hasta 1990. La Unesco y el gobierno japonés financiaron entonces importantes renovaciones. Estas intervenciones siguen siendo objeto de debate hoy en día, ya que muchos consideran que no respetaron el estilo Lanna original.
El templo de Wat Chedi Luang
Este templo es un centro neurálgico de la vida religiosa en Chiang Mai. Aquí se encuentra el Lak Mueang, el pilar fundacional de la ciudad. Según la creencia popular, esta estructura protege a la urbe y le garantiza suerte y prosperidad.
Durante tu visita, podrás admirar tres representaciones notables de Buda: el Buda reclinado, la réplica del Buda de esmeralda y el Buda de dieciocho codos.
Wat Chedi Luang es un magnífico exponente de los templos sagrados del norte de Tailandia.
Horarios
*Información sujeta a cambios
El templo que da a la calle es más moderno, ¡pero es magnífico por dentro con todas sus columnas doradas! Aunque el "verdadero" templo que hay que ver es el que se esconde detrás, que es mucho más antiguo. No se puede entrar, pero se puede rodear y contemplar los elefantes de piedra que adornan sus fachadas.