Capri, en resumen
La mítica Capri. Si la isla italiana ha fascinado a tantos viajeros y atraído a tantas estrellas, es por sus paisajes escarpados y su innegable estilo de vida. Es un lugar donde el tiempo parece detenerse, con una elegancia que recuerda a los rincones más exclusivos de la Costa Brava.
La leyenda de Capri
El aura de Capri se consolidó a lo largo del siglo XX, cuando figuras como Cocteau, Picasso, Gide, Brigitte Bardot y Godard, quien rodó aquí la película El desprecio, comenzaron a ensalzar su belleza. La jet-set tomó el relevo y convirtió la isla en su patio de recreo durante décadas.
Hoy en día, la isla es un destino de primer orden que atrae tanto a celebridades como a viajeros de todo el mundo. Capri impresiona desde la llegada por mar: esta gran roca de 6 kilómetros por 3 posee un relieve espectacular. Su vegetación mediterránea combina pinos, madroños y viñedos, todo bajo una luz que hace que el mar cambie de tonalidades durante el día.
Es cierto que Capri es el refugio de una clientela acomodada, que ha convertido a Capri-Ville en una especie de Saint-Tropez a la italiana. Sin embargo, la isla sigue siendo un paraíso natural para senderistas y aficionados a la historia. No se pueden perder la Villa Jovis, construida por Tiberio en el siglo I después de Cristo, ni la Villa San Michele, una antigua capilla dedicada a San Miguel.
Cuevas, panoramas y buena mesa
Entre los tesoros de la zona, la Grotte Bleue (Gruta Azul) es una visita obligada. Descubierta en 1826 por un escritor, ofrece un juego de luces que tiñe las paredes de reflejos azul cobalto. Sus hermanas, la gruta blanca y la verde, también merecen una parada. Si prefieres caminar, Capri cuenta con senderos señalizados; el Arco Naturale es el más famoso por las vistas que ofrece desde las alturas. Tras una larga caminata, siempre queda la opción de relajarse en la playa.
También es posible descansar en alguno de los centros de bienestar que salpican la isla. Lejos del bullicio de Capri-Ville, resulta muy agradable pasear por las callejuelas de Anacapri. Su centro histórico alberga casas coloridas y numerosos bares y restaurantes especializados en la deliciosa cocina napolitana. Pizzas al horno de leña, lasañas y cannelloni, cabrachos y bacalao, además de crema de limoncello. Hay opciones para todos los gustos. Las islas de Ischia y Procida, muy cercanas, también merecen una visita.
Cuándo ir
Capri se puede visitar todo el año gracias a la suavidad del clima mediterráneo. No obstante, los meses de abril a principios de octubre son ideales para disfrutar de la isla en su plenitud. Ten en cuenta que la afluencia turística es muy alta durante julio y agosto.
Cómo llegar
Puedes llegar fácilmente a la isla de Capri en ferry desde Nápoles (1 hora de travesía) o en hidroala desde Sorrento (20 minutos de travesía), así como desde Amalfi, Salerno o Positano. Algunas compañías marítimas operan incluso conexiones de larga distancia desde Cerdeña, España, Córcega o Túnez.
Menos turística que su vecina Nápoles, Capri y sus alrededores se ajustan más a la imagen que yo tenía del sur de Italia, mediterránea, con sus ruidos, sus colores, sus olores y su naturaleza más salvaje.