Visitar Mandalay
Con cerca de un millón de habitantes y una importante comunidad china, Mandalay es la segunda ciudad más relevante de Birmania tras Rangún. Situada en el centro del país, fue la última capital real bajo la dinastía Konbaung hasta 1885. De aquel periodo apenas quedan algunos vestigios, como los muros de la fortaleza que protegía el antiguo palacio real en la colina de Mandalay. Aquel recinto fue trasladado desde la antigua capital birmana de Amarapura hasta Mandalay en 1857 por orden del rey Mindon. Tras el saqueo durante la colonización británica y los bombardeos aliados en la Segunda Guerra Mundial, el palacio original quedó reducido a cenizas. Algunas de sus reliquias se conservan hoy en el Victoria and Albert Museum de Londres.
Sumergirse en la cultura budista de Mandalay
Mandalay es un destino clave para profundizar en las costumbres budistas y recorrer algunos de los templos más destacados del país. Cerca de Mandalay Hill, no te pierdas el Monasterio Shwenandaw, también conocido como el Monasterio del Palacio de Oro. Esta construcción perteneció originalmente al complejo del palacio real hasta la muerte del rey Mindon. Es una estructura de teca finamente tallada y constituye el único resto original del antiguo palacio, ofreciendo una idea de su esplendor pasado.
Muy cerca, visita la pagoda Sandamuni, rodeada por 729 estupas que custodian estelas con fragmentos del Tripitaka, los textos sagrados budistas, lo que convierte al lugar en el libro más grande del mundo. A poca distancia se encuentra la pagoda Kuthodaw, erigida en 1857 y convertida en un importante centro de peregrinación. Por su parte, la pagoda Kyauktawgyi alberga una figura de Buda colosal de casi 900 toneladas.
Aprovecha para pasear por la colina de Mandalay al atardecer, cuando las vistas sobre la ciudad son especialmente claras.
El corazón sagrado de Birmania
Otros edificios situados en la zona sur de la ciudad merecen una visita, especialmente la pagoda Mahamuni, una de las más veneradas de toda la región. El monasterio Shwe in Bin es otro punto de interés donde destacan las pinturas de Saya Saung, que documentan la vida cotidiana en Mandalay a finales del siglo XIX.
Cerca de estos monumentos se encuentra el mercado del jade, piedra que otorgó a Mandalay el sobrenombre de ciudad de las joyas. En los alrededores también es posible visitar el barrio de los batidores de oro, donde observar el minucioso trabajo artesanal de los maestros locales.
Bañada por el río Irrawaddy, Mandalay es el punto de partida ideal para explorar las antiguas capitales birmanas de Amarapura, Ava y Sagaing. A unos diez kilómetros al sur de la ciudad se alza el famoso puente de U Bein, que cruza el lago Taungthaman. Construido en 1849, está considerado el puente de teca más largo del mundo.
¿Cuándo ir?
La mejor época es durante la estación seca, entre mediados de octubre y mayo.
¿Cómo llegar?
Es posible llegar a Mandalay en avión gracias a su aeropuerto internacional.
Mandalay me dejó una impresión contradictoria pero, en conjunto, positiva. La ciudad en sí no tiene el encanto inmediato de otros destinos en Birmania, pero esconde verdaderos tesoros. Disfruté especialmente de sus monasterios, que permiten sumergirse en la historia del país. Lo que también me gustó fue el ambiente auténtico y el ritmo de vida.