Visitar el Ponte Vecchio
Podría haber sido simplemente un puente más que cruza el Arno para conectar ambas orillas de la ciudad. Sin embargo, eso sería subestimar a Florencia y su predilección por lo excepcional. El Ponte Vecchio apostó por la orfebrería y la joyería de lujo para distinguirse, y el resultado es un espectáculo visual único. Con sus tiendas instaladas desde la Edad Media, recorrerlo es transitar una de las calles peatonales con más personalidad de la capital toscana. Construido en 1345, es un emblema turístico indiscutible.
Tiendas, oro y un pasaje secreto
Como una verdadera pasarela hacia el medievo, el Ponte Vecchio funciona como una burbuja fuera del tiempo. Aunque sus tiendas están repletas de tesoros contemporáneos, la atmósfera mantiene una fidelidad absoluta a la de antaño. Es el puente más antiguo de la ciudad, cuya primera estructura de madera se remonta al Imperio Romano, antes de ser reemplazado por una versión de piedra tras la inundación de 1333. Su arquitectura destaca por dos arcos de 27 metros y uno central de 30 metros, pero es su pasaje cubierto lo que le otorga todo su encanto. Durante el Renacimiento, este lugar estaba ocupado por curtidores, carniceros y triperos, cuya actividad generaba olores que la familia Médici consideraba insoportables. Fueron ellos quienes ordenaron sustituirlos por los joyeros que vemos hoy. La tradición ha perdurado y este enclave comercial está considerado uno de los más exclusivos de Florencia. También debemos a los Médici, concretamente al duque de Florencia, el famoso pasaje secreto conocido como el Corredor de Vasari. Este permitía a la familia desplazarse entre el Palazzo Vecchio, la Galería de los Uffizi y el Palazzo Pitti con total seguridad y discreción. Construido en 1565, el Corridoio alberga una galería de arte con 200 autorretratos reunidos por Leopoldo de Médici y cuenta con ventanales panorámicos. En el centro del Ponte Vecchio destaca el busto de Benvenuto Cellini, genio de la orfebrería renacentista, que termina de dar forma al ambiente singular de un puente que conecta, de una orilla a otra, la historia de la ciudad.
Este puente, bastante sorprendente, es uno de los lugares imprescindibles que ver en Florencia. Es encantador y está muy bien conservado. Como en la época, todavía alberga numerosas tiendas. Para cruzarlo, tómese su tiempo, ya que a menudo hay mucha gente que pasa por allí.