Visitar el Puente de las Cadenas Széchenyi
Durante un viaje a Budapest, en Hungría, es imposible pasar por alto el Puente de las Cadenas Széchenyi. Conocido como Széchenyi lánchíd en húngaro, es un motivo de orgullo para los habitantes de la ciudad.
Un proyecto faraónico para su época
Resulta curioso saber que, antiguamente, atravesar el Danubio era una tarea complicada para las embarcaciones, especialmente en invierno. Los dos lados de la ciudad, Buda y Pest, no eran sencillos de conectar. Por ello, el conde István Széchenyi propuso la construcción de un gran puente en 1839. El escocés Adam Clark se dedicó a esta obra durante diez largos años, siguiendo los planos del inglés William Tierney Clark. Esta construcción monumental, aclamada en su momento, cuenta con un tablero de 360 metros de longitud, sostenido por dos torres unidas por enormes cadenas. Se optó por el diseño de puente colgante para resistir las crecidas y las inundaciones. El Puente de las Cadenas Széchenyi obtuvo un éxito inmediato y se convirtió en el símbolo de Budapest. Lamentablemente, fue destruido en 1945 por los bombardeos alemanes. Fue reconstruido con paciencia y reabierto al tráfico en 1949. Desde 2009, el puente aparece en las monedas húngaras de 200 HUF.
El rincón favorito de los viajeros en Budapest
El Puente de las Cadenas Széchenyi se encuentra en el corazón de la ciudad, cerca de los principales monumentos históricos, y permite cruzar a la otra orilla del Danubio. Se puede recorrer tanto en coche como a pie, ya que el panorama es espectacular, sobre todo de noche cuando Budapest está iluminada. También es posible admirarlo desde un crucero en barco por el Danubio. En sus bajorrelieves se pueden observar grabados que representan el escudo de armas de Hungría y el blasón de la familia Széchenyi. A cada lado del puente, dos imponentes estatuas de leones montan guardia. Según la leyenda, su escultor, János Marschalkó, se suicidó lanzándose al río tras darse cuenta, horrorizado, de que había olvidado esculpirles la lengua.
Bonito puente que permite abarcar de un vistazo las 2 orillas del Danubio y… ¡su anchura! Obviamente es práctico para pasar del barrio de Buda al de Pest (y viceversa). No hay que perderse las estatuas de leones de cada lado, cuya lengua (ausente o demasiado pequeña según algunos) habría creado una polémica y, según la leyenda, precipitado la muerte del arquitecto…