Visitar la Iglesia de Santa María del Spasimo
Algunos edificios tienen una historia tan peculiar que parecen dueños de su propio destino. El de la Iglesia de Santa María del Spasimo probablemente no era el de ser un templo religioso. Iniciada en 1506, su construcción nunca se completó. El proyecto, que debía integrarse en el Monasterio de los Padres Olivetanos, se topó con la guerra y el lugar terminó convertido en un bastión defensivo durante los combates contra los turcos. De hecho, el edificio nunca llegó a tener techo, lo cual es su seña de identidad hasta el día de hoy. Tras muchas vicisitudes, se ha consolidado como un espacio escénico sorprendente en el barrio de la Kalsa, en Palermo.
Una iglesia sin techo
El estilo es gótico español. Su arquitectura destaca por grandes volúmenes con tres naves separadas por arcos e inmensas capillas laterales. Se aprecian influencias arabo-normandas y su cúpula roja es notable. Sin embargo, lo que más llama la atención es el vacío, ya que la nave central está a cielo abierto. Este elemento le otorga un aire de ruina a un proyecto que originalmente era grandioso. La Iglesia de Santa María del Spasimo debía rendir homenaje al dolor de la Virgen y, para iluminar el lugar, se encargó un cuadro a Rafael. El Pasmo de Sicilia estuvo a punto de desaparecer durante el naufragio del barco que lo transportaba, pero fue recuperado de forma casi milagrosa y terminó en España en 1661. El caos siempre ha marcado el destino de este edificio que nunca funcionó como iglesia. Fue utilizado como teatro en el siglo XVI, se convirtió en lazareto para apestados, albergue para indigentes y hasta hospital para enfermos de sífilis en el siglo XIX. Tras décadas de abandono, llegó a ser un vertedero hasta 1995, año en el que se rehabilitó como lugar cultural. El antiguo templo acoge hoy espectáculos y exposiciones, confirmando que tiene un destino fuera de lo común.
Como dice el título, son ruinas, así que no hay que esperar nada excepcional. Sin embargo, está de camino al jardín botánico, por lo que una pequeña visita resulta agradable, sobre todo si la luz es buena para una pequeña sesión de fotos. Unas ruinas y, al fondo, unos bonitos árboles en flor que lo convierten en un lugar apacible cuando hace buen tiempo.