El Parque de las Buttes-Chaumont, cuando París inventó su propia montaña
Bajo tus pies hay yeso. Un material que fue extraído durante siglos, hasta transformar este rincón del distrito 19 en una herida abierta en el tejido urbano.
En 1863, Napoleón III y su prefecto Haussmann encargaron al ingeniero Jean-Charles Alphand la construcción de un parque en este lugar. El resultado, inaugurado en 1867, es una lección de audacia paisajística que París nunca ha vuelto a repetir.
¿Por qué visitar el Parque de las Buttes-Chaumont?
Con sus 25 hectáreas, este parque es el más escarpado y el más grande de los jardines situados dentro del recinto amurallado de París. Acantilados verticales, un lago artificial de 1,5 hectáreas, una gruta con estalactitas, cascadas y un puente colgante diseñado por Gustave Eiffel: todo fue fabricado desde cero para crear una ilusión de naturaleza salvaje que sigue funcionando a la perfección. Cerca de 6 millones de visitantes lo recorren cada año.
Lo que impresiona nada más cruzar la entrada es el silencio que parece caer sobre los hombros. El ruido de la ciudad se amortigua contra las colinas y el follaje. El efecto es casi instantáneo, y es precisamente lo que los parisinos vienen a buscar aquí, a pocas paradas de metro del centro.
Un jardín construido sobre el vacío
El subsuelo de las Buttes-Chaumont es un queso gruyere. Durante décadas, los canteros extrajeron yeso, el mineral que al calentarse produce escayola. El material se exportaba incluso a Estados Unidos, hasta el punto de que el barrio recibió el nombre de barrio América. Cuando se creó el parque sobre estas canteras agotadas, hubo que compensar constantemente los hundimientos y las filtraciones de agua en la roca.
Esta fragilidad constitutiva explica las importantes obras en curso desde 2023 y el proyecto a gran escala programado a partir de finales de 2027. Construir sobre yeso implica un mantenimiento incesante, por muy espectacular que sea el escenario resultante.
El lago recuperado, los acantilados en espera
Hay buenas noticias para los visitantes desde 2024: el lago vuelve a estar lleno. Tras vaciarse a finales de 2023 por primera vez en treinta años para extraer 1.800 metros cúbicos de lodo acumulado, se volvió a llenar en la primavera de 2024. Ánades reales, gaviotas reidoras y garzas reales han retomado sus rutinas. El reflejo del Templo de la Sibila sobre las aguas tranquilas ha regresado.
Sin embargo, el acceso a la isla central sigue cerrado, al igual que la gruta y las grandes cascadas. La inestabilidad del suelo impone restricciones de seguridad que durarán varios años más. Las obras de consolidación, estimadas en 85 millones de euros, comenzarán a finales de 2027 y se prolongarán hasta aproximadamente 2031.
Consejo de amigo: Para admirar el Templo de la Sibila a pesar del cierre de la isla, recorre la orilla sur del lago junto al puente de ladrillo. Desde allí, la vista hacia la isla rocosa y el quiosco es la más despejada. Por la mañana, cuando la luz aún es baja, el reflejo en el agua es especialmente llamativo.
La vida en el parque: qué hacer realmente
El uso del espacio varía según la hora. Al amanecer, los corredores se adueñan de los 5 kilómetros de caminos con sus desniveles exigentes. Durante el día, familias y grupos de amigos ocupan las praderas para disfrutar de picnics que pueden alargarse durante horas. Al caer la tarde, el ambiente cambia alrededor de Rosa Bonheur, la guinguette (taberna típica) emblemática del parque, cuya terraza suele desbordarse hacia el césped en verano.
Tenemos un cariño especial por este parque, precisamente porque atrae a pocos turistas fuera de los días de sol: es París sin poses, París en estado puro. Entre semana, fuera de la temporada estival, es posible encontrar una tranquilidad inusual.
Qué descubrir prioritariamente:
- La pasarela colgante diseñada por Gustave Eiffel, de 65 metros de largo y suspendida a 8 metros sobre el lago, ofrece una vista privilegiada de todo el recinto.
- Los árboles singulares: un plátano de sombra oriental plantado en 1862, un cedro del Líbano de 1880, dos ginkgos biloba y un sófora con ramas espectacularmente retorcidas hacia el agua.
- El Pavillon Puebla, un bar restaurante de estilo Belle Époque escondido entre la vegetación, ideal al final de la tarde para tomar algo en la terraza sobre las copas de los árboles.
- Los espectáculos de Guignol (teatro de marionetas) con el Guignol Anatole y el Guignol de Paris, los miércoles, sábados, domingos y días festivos.
- La ruta de biodiversidad con 28 puntos de interés, consultable en Paris.fr, ideal para transformar el paseo en una auténtica exploración naturalista.
Lo que hace atractivo al parque
- Entrada totalmente gratuita, todos los días del año.
- El parque intramuros más grande de París, con un relieve único que rompe radicalmente con los jardines planos de estilo francés.
- El lago, con agua de nuevo desde 2024: la fauna acuática y los reflejos del templo han vuelto.
- Ambiente auténticamente parisino: corredores, familias, gente de picnic y la taberna conviven de forma natural.
- Biodiversidad notable: garzas reales, lavanderas cascadeñas y cotorras de Kramer anidan en el recinto.
Puntos de vigilancia actuales
- La isla central, el Templo de la Sibila, la gruta y las grandes cascadas siguen inaccesibles por motivos de seguridad.
- Parte del camino circular alrededor del lago también se encuentra cerrado.
- El gran proyecto de renovación no comenzará hasta 2027: las restricciones de acceso persistirán durante varios años.
- Muy concurrido los fines de semana soleados a partir de las 13:00; es preferible ir por la mañana o entre semana.
Horarios
Cuánto dura esta actividad
*Información sujeta a cambios
Siempre me ha gustado pasear por el parque de las Buttes-Chaumont. Aunque el distrito XIX está lejos de ser la zona más agradable para vivir de la capital, este parque es un auténtico soplo de aire fresco. Creo que todo el mundo encuentra lo que busca aquí: familias, grupos de amigos, corredores, etc. Hay mucha gente en verano, pero bueno, es normal que todo el mundo quiera disfrutarlo.