Visitar el Museo Nacional del Azulejo
El Museo Nacional del Azulejo se encuentra en Lisboa y recorre la historia de una práctica artística emblemática de Portugal: la fabricación de azulejos. Estas pequeñas piezas de cerámica, que a menudo lucen tonos azules y blancos, decoran gran parte del país, desde los muros de iglesias hasta el interior de viviendas y las fachadas de edificios públicos. Originalmente, la pintura sobre cerámica es una técnica de origen árabe que se extendió tras la ocupación de Portugal y España por los moros a partir del siglo VIII. Con el paso del tiempo, el azulejo se consolidó como un elemento ornamental imprescindible en la arquitectura local.
Conocer la historia del azulejo, un arte nacional portugués
El azulejo comenzó a fabricarse de forma masiva en Portugal a principios del siglo XVI. Su popularidad se debe tanto a su valor decorativo y funcionalidad como a su capacidad para aislar las viviendas del calor. El Museo Nacional del Azulejo repasa cinco siglos de historia de estos mosaicos hasta llegar a la era contemporánea, a través de una amplia variedad de colores y piezas, incluyendo influencias del mundo árabe y de Delft, la ciudad neerlandesa famosa por su producción de azulejos azules.
La pieza central de la exposición es un panel de más de 23 metros creado en 1735 que representa la ciudad de Lisboa antes de su destrucción por el terremoto de 1755. Esta obra está compuesta por un total de 1300 azulejos.
El antiguo convento de Madre de Deus
El museo se ubica en el antiguo couvent Madre de Deus (convento de la Madre de Dios), fundado en 1509 por orden de la reina Leonor. La iglesia en sí misma está repleta de azulejos, esculturas doradas y cuadros que representan la vida de San Francisco, lo que crea un conjunto de colores intensos en un estilo marcadamente barroco.
He visto estos bonitos azulejos por todo Lisboa y tenía curiosidad por aprender más sobre ellos visitando este museo. No me ha decepcionado. Las colecciones son ricas y magníficas. Me ha encantado el fresco fenomenal de Lisboa, que mide más de veinte metros. Con un recorrido didáctico e histórico, el museo me ha hecho descubrir un verdadero arte de la cerámica, que se ha transformado a través de los tiempos. Un patrimonio cultural local que no hay que perderse.