El Monumento a los Descubrimientos en resumen
Situado en el barrio de Belém en Lisboa, a orillas del río Tajo y frente al célebre monasterio de los Jerónimos, el Padrão dos Descobrimentos (Monumento a los Descubrimientos) es una imponente y elegante escultura moderna de piedra ocre que evoca la forma de una carabela. Puedes optar por subir por la escalera para alcanzar su plataforma, situada a 50 metros de altura, o utilizar el ascensor. Al atardecer, la panorámica sobre el Tajo y el puente 25 de Abril es excelente.
Erigido en 1940 por el arquitecto José Angelo Cottinelli Telmo, el monumento original fue destruido por un ciclón apenas un año después. Fue reconstruido definitivamente en 1960 para conmemorar el quinto centenario de la muerte de Enrique el Navegante, figura clave de la era de los descubrimientos. Por extensión, rinde homenaje a todos los grandes navegantes portugueses, representados mediante una treintena de estatuas fielmente esculpidas. Entre ellos destacan Vasco de Gama, Magallanes, Bartolomeu Dias, Fernão Mendes Pinto, Pedro Álvares Cabral, Pero da Covilhã y Luís de Camões, todos en procesión tras Enrique el Navegante, quien encabeza la proa sosteniendo una pequeña embarcación a vela entre sus manos.
El término Padrão designa un pilar de piedra coronado por un escudo de armas portugués o una cruz. Estos se utilizaban en tierras desconocidas para marcar los nuevos hallazgos. El primer padrão documentado fue el colocado por Diogo Cão en 1482, en la desembocadura del río Zaire.
Al descender, observa con atención el mosaico que se despliega a los pies del edificio. Sobre este mapamundi podrás conocer detalles sobre las fechas clave de la expansión portuguesa. En la parte norte, una magnífica rosa de los vientos completa el conjunto, detallando las rutas marítimas trazadas durante los siglos XV y XVI.
No me esperaba que este monumento me gustara tanto. Dedicada a los grandes exploradores de Portugal, especialmente al infante Enrique, esta escultura masiva con forma de carabela está llena de detalles cuando la observas de cerca. Perfectamente integrada en su entorno, con el puente de fondo, ofrece unas fotos preciosas. Os aconsejo subir a la cima para admirar Belém y, sobre todo, la magnífica mosaico de la rosa de los vientos situada en la plaza.