Entrar en esta ciudad al sur del Peloponeso es recorrer la historia, y cuando te llamas Monemvasía, tu destino está marcado por la grandeza. Fundada en el siglo VI, la antigua ciudad del Imperio romano de Oriente fue primero un activo centro comercial gracias a su puerto y a su ilustre vino de Malvasía, exportado por toda Europa. Resistió a la primera invasión veneciana en 1204, sufrió un bloqueo de 3 años, hambrunas, ataques de corsarios, pillajes, piratas turcos y la conquista otomana. Tras volver a manos griegas en 1821, es hoy un destino turístico con mucha personalidad, valorado por su configuración atípica: la ciudad vieja construida sobre un peñón y la nueva en el continente. Este pequeño Gibraltar griego es cautivador.
Una ciudad medieval sobre un peñón
Una calzada une el peñón con el continente y, tras sus murallas venecianas, se encuentra el Kastro. Dividida en dos partes, la alta y la baja, esta ciudad fortificada prohíbe el paso a los vehículos, pero no a la magia, que se respira en cada rincón. Al doblar sus callejuelas abovedadas, uno espera ver surgir a caballeros de cualquier época. Todas las casas son de piedra y la arquitectura medieval conservada es excepcional. La comercial calle Mesi Odos y sus pequeñas tiendas conducen a la plaza central, un espacio sublime con árboles en su núcleo y el flanco del acantilado de fondo. La iglesia Christos Elkomenos y su campanario del siglo XVII bordean la plaza; es un antiguo monasterio bizantino frente al mar con un entorno magnífico. Un camino bastante escarpado lleva a la cima, donde se atraviesa una impresionante puerta fortificada. Tras dejar atrás las ruinas de un antiguo hammam del siglo XVII, al borde del acantilado, se alza la imponente iglesia bizantina Santa Sofía o Agia Sofia, que data de 1150. Sus frescos murales son tan bellos como las vistas sobre la ciudad baja y sus tesoros arquitectónicos.
Plages y gastronomía local
El barrio moderno, llamado Géfira, parece casi corriente después de tantas maravillas, aunque posee mucho encanto con su pequeño puerto pesquero y su marina. Los restaurantes comparten la excelente gastronomía de Laconia, destacando los gonguès, pasta artesanal, los saïtia, empanadillas de queso, o los famosos dulces de almendra. La miel, el aceite de oliva, el hidromiel y, por supuesto, el vino son imprescindibles. Como destino de playa, la de Portello se encuentra casi entre las murallas, aunque los amantes de la arena prefieren Pori Beach, a pocos kilómetros. Como joya accesible en ferry, la isla de Elafonisos tiene aromas a Caribe; sus playas paradisíacas ofrecen paisajes espectaculares y aguas cristalinas, siendo el pequeño tesoro oculto de Monemvasía. Un destino verdaderamente fascinante.
Cuándo ir
De abril a noviembre el clima es ideal, con un pico de calor en agosto y una mayor afluencia turística. Las temporadas bajas son perfectas para disfrutar de la ciudad con calma. En julio, la Fiesta de la Liberación ofrece interesantes actividades culturales.
Cómo llegar
Monemvasía se encuentra a 322 km de Atenas y existen autobuses que realizan el trayecto. El aeropuerto más cercano es el de Kalamata, a 100 km, que recibe vuelos estacionales desde diversos puntos de Europa.