Visitar Brasilia
Capital de Brasil, Brasilia es una ciudad fuera de lo común porque se construyó en apenas unos años. Su centro urbano sigue los principios directores del proyecto diseñado por Lucio Costa, bajo la dirección del entonces presidente brasileño, Juscelino Kubitschek. La idea de levantar una nueva capital para el país cobró forma en los años cincuenta. En aquella época, la rivalidad entre los dos centros de poder, Río de Janeiro y São Paulo, era intensa, y la riqueza nacional se concentraba en la costa. Su escala monumental y su historia singular han llevado a que el centro de Brasilia esté declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Una ciudad rotundamente modernista
Entre los nombres clave al hablar de Brasilia destaca el del célebre arquitecto y discípulo de Le Corbusier, Oscar Niemeyer, autor de gran parte de los monumentos imprescindibles de la ciudad. Entre ellos destaca la Catedral Metropolitana, que sorprende por su diseño depurado en forma de corona de espinas o de manos juntas hacia el cielo, según desde dónde se mire. El acceso está custodiado por cuatro estatuas gigantescas dedicadas a los evangelistas Mateo, Marcos, Lucas y Juan.
Las instituciones del poder federal también se alzan en edificios imponentes. El Congreso Nacional de Brasil, situado en la plaza de los Tres Poderes o Praça dos Três Poderes, se compone de dos torres gemelas de 100 metros de altura flanqueadas por dos cúpulas simétricas: la convexa alberga el Senado y la cóncava, la Cámara de Diputados. Otra obra maestra de Niemeyer es el palacio presidencial. El Palácio da Alvorada es un gran edificio acristalado enmarcado por arcos blancos de gran elegancia, cuyos jardines ornamentales y acuáticos llevan la firma de Roberto Burle Marx.
El Eje Monumental, el bulevar más ancho del mundo
La ciudad se ideó en plena eclosión del automóvil, por lo que todo se diseñó para favorecer el tráfico rodado. Concebida con la silueta de un avión, se organiza en torno a una gran avenida central, el Eje Monumental, con 250 metros de ancho. Para apreciarla en toda su dimensión, nada como subir a la plataforma de la Torre de Televisión y disfrutar de las vistas panorámicas sobre la trama urbana.
Merece la pena detenerse en el Santuario de Don Bosco para contemplar sus vidrieras de un profundo azul noche. Los aficionados a los espacios abiertos encuentran aquí uno de los parques urbanos más grandes del mundo, el Parque da Cidade, que se extiende a lo largo de 420 hectáreas. Además, Brasilia se asienta junto a una enorme reserva de agua, el lago Paranoá, ideal para pasear y disfrutar de un baño.
¿Cuándo ir?
Las temperaturas son agradables durante todo el año en Brasilia, por lo que cualquier momento es bueno para planificar una escapada.
¿Cómo llegar?
Numerosas aerolíneas vuelan a Brasilia, aunque la mayoría de las rutas implican una o varias escalas.
¿Cómo moverse?
Las líneas de autobús son escasas y la red de metro resulta insuficiente para la extensión de la ciudad. Hoy en día, la mejor opción para desplazarse por Brasilia sigue siendo el coche.
Brasília, la (verdadera) capital de Brasil, me dejó una impresión bastante mixta a pesar de su urbanismo interesante. Disfruté de la arquitectura futurista de Niemeyer, especialmente la catedral y el Congreso Nacional, que son realmente únicos. Sin embargo, la ciudad carece cruelmente de vida en sus calles: todo está muy disperso y pensado para el coche, lo que hace que los desplazamientos a pie no sean muy agradables. El ambiente general es bastante frío e impersonal, lejos de la calidez humana que sentí en otras ciudades brasileñas. Los espacios verdes están presentes pero poco animados. Al final, Brasília me pareció más administrativa que turística.