Visitar el Palacio Barolo
La historia del Palacio Barolo se remonta a principios del siglo XX. Concretamente, el arquitecto italiano Mario Palanti dirigió la edificación de este inmueble singular entre 1919 y 1923. Lo hizo para cumplir con el encargo de un magnate textil local llamado Luis Barolo. Con una altura de 100 metros, fue el edificio más alto de América del Sur hasta la construcción del edificio Kavanagh, una torre de apartamentos erigida en 1935 en el barrio de Retiro en Buenos Aires. Más allá de sus dimensiones, el edificio destaca por sus formas atípicas. No es casualidad, ya que para diferenciar su obra del resto de la ciudad, Mario Palanti se inspiró en la Divina Comedia de Dante.
Una divina inspiración
En la práctica, los 100 metros de altura del edificio simbolizaban los 100 cantos del poema medieval. Con el mismo espíritu, el Palacio Barolo se dividió en 3 secciones distintas que corresponden a los 3 libros del autor italiano: el infierno, el purgatorio y el paraíso. Pero eso no es todo. Al acercarse al vestíbulo de entrada, se observa que está coronado por 9 bóvedas que representan, cada una de ellas, las 9 jerarquías infernales que Dante describe con detalle en su legendaria obra. Por último, cada planta dispone de 11 o 22 oficinas, cifras que corresponden al número de estrofas que componen los cantos de la Divina Comedia. Un detalle curioso es que el edificio está rematado por un faro. Este debía permitir, originalmente, intercambiar señales con su gemelo: el Palacio Salvo de Montevideo, construido por el mismo arquitecto en 1925. Un ejemplo de perfeccionismo.
Un edificio muy bonito y un faro precioso al mismo tiempo. Sin embargo, el precio de acceso al faro es bastante caro, ¿quizás sea por la crisis económica?