Visitar la Catedral Metropolitana de Buenos Aires
Los orígenes de la Catedral Metropolitana de Buenos Aires se remontan a finales del siglo XVI. En 1580, Juan de Garay, el fundador de la capital argentina, decidió construir la primera gran iglesia del territorio recién conquistado, que apenas había sido descubierto a principios de aquel siglo. Con el paso del tiempo, el edificio original evolucionó hasta convertirse en la catedral que conocemos hoy. Su estilo único se debe precisamente a arquitectos europeos que integraron influencias de los siglos XVIII y XIX con elementos mucho más antiguos, incluyendo referencias a la Antigüedad grecorromana. El altar de madera dorada de la capilla principal, que data de 1785, es un vestigio colonial de los primeros tiempos de la iglesia original. En la actualidad, la catedral destaca por sus doce columnas antiguas situadas en la fachada. Estas representan, de forma simbólica, a los doce apóstoles de Jesucristo. Sobre dichas columnas, varios grabados retratan el reencuentro de José con sus hermanos y su padre Jacob. Otros elementos merecen una visita, como las naves laterales, las tumbas, los frescos y diversos muebles antiguos que se conservan en el interior del templo.
Arte sacro
Además de ser un espacio religioso, la Catedral Metropolitana de Buenos Aires posee atractivos para los amantes del arte. Los visitantes pueden contemplar las representaciones pictóricas del Via Crucis (camino de la cruz), realizadas por el pintor italiano Francesco Domenighini. Numerosas visitas guiadas permiten conocer en detalle cada sección de la catedral, ya sea el taller, el mausoleo, el templo, la cripta o el coro de la iglesia. Existe, sin embargo, un momento ideal para sumergirse en una atmósfera intensa y meditativa: se trata de la Nochebuena, la misa de medianoche más importante del país, que se celebra en la víspera de Navidad.
Una catedral de estilo colonial que merece la pena visitar.