El cruce de Shibuya en pocas palabras
Considerado el cruce más grande del mundo y habitual escenario de películas, el famoso Cruce de Shibuya, con sus 10 carriles, sus 5 pasos de peatones y sus rascacielos futuristas con pantallas gigantes, es una parada obligatoria en cualquier visita a la capital japonesa. Cruzarlo y observarlo resulta impresionante, incluso para el viajero más cosmopolita.
Ubicado junto a la estación de tren homónima, también se le conoce como el cruce Hachiko, en honor a la estatua cercana del perro de raza Akita que siguió esperando fielmente a su dueño, un profesor universitario que sufrió un infarto, durante más de 7 años tras su fallecimiento. Lo localizarás fácilmente al salir de la estación JR, en la pequeña plaza que suele estar llena de gente joven.
Símbolo de Tokio, una megalópolis extravagante y en constante movimiento, el Cruce de Shibuya registra más de 2.500 personas por ciclo de 2 minutos. Cada año, más de mil millones de personas transitan por él.
Los mejores momentos para observar a esta multitud tan ordenada, que siempre espera a que el semáforo se ponga en verde para cruzar, son los viernes y sábados por la noche, o cuando llueve, para contemplar el baile de paraguas, algo habitual en Tokio debido a su clima cambiante.
No dudes en buscar una perspectiva elevada. El Starbucks de Shibuya Tsutaya es muy popular por ofrecer una de las mejores panorámicas, aunque existen muchos otros lugares por descubrir gracias a la presencia de numerosas galerías comerciales en altura, bares y cafeterías. Tras tu baño de multitudes, puedes recargar energías en el santuario Meiji-jingu y su magnífico parque. Si tienes tiempo, el Gobierno Metropolitano de Tokio se encuentra en el mismo distrito. Cuenta con dos torres gemelas de acceso gratuito. Sus observatorios, abiertos hasta las 23:00, permiten disfrutar de una vista excelente de la capital japonesa sin coste alguno.
La primera vez que el semáforo se puso en verde y cientos de personas cruzaron en todas direcciones, pensé que aquello era un caos total. Entre las pantallas gigantes, el ruido y demás, todo va muy rápido al final. Pero, tal como me habían dicho, cruzar estos pasos de peatones no tiene nada de sobrehumano y debo admitir que los japoneses son extremadamente respetuosos en este aspecto.