Visitar el Ferry Building
El proyecto del Ferry Building se remonta a 1892, aunque la inauguración del edificio en la ciudad de San Francisco tuvo lugar en 1898. Su torre, que domina toda la estructura, se inspiró directamente en la Giralda de Sevilla.
A pesar de sus 200 metros de longitud, es uno de los pocos edificios que logró resistir el terremoto de 1906. De hecho, en su interior puedes ver una exposición de fotografías antiguas que documentan aquel suceso.
Durante años fue el mayor centro de tránsito del mundo, con un flujo diario de más de 50 000 personas. Hoy en día, ante el descenso del uso del ferry, el espacio se ha reconvertido en un centro comercial y gastronómico que alberga principalmente restaurantes y tiendas especializadas.
Un festín para los sentidos
Es el lema del Ferry Building Market Place. Por supuesto, todavía puedes tomar el ferry para desplazarte por la bahía, pero la mayoría de los visitantes se acercan por su mercado de productos locales. El puesto de los pescaderos es conocido por la frescura del género, y su mercado de agricultores es uno de los espacios de productos orgánicos más valorados de la ciudad. Bajo las arcadas del Ferry Building Market encontrarás numerosas tiendas de bienestar y productores locales. Mieles, mermeladas y salsas son tan apreciadas que muchos restauradores de la ciudad acuden aquí a comprar sus ingredientes. Por su parte, las librerías y el taller de cerámica se cuentan entre los comercios más visitados del mercado.
Eventos
La combinación de su arquitectura histórica y sus vistas atrae a multitud de eventos. Por esta razón, el recinto acoge bodas y seminarios durante todo el año.
Este superviviente del desastre de 1906 es un punto de referencia esencial si estás de visita en San Francisco.
A diferencia de muchos centros comerciales estadounidenses, los mall, que abusan del exceso de espacio y luces, el Ferry Building de San Francisco desprende un carácter auténtico. Se viene con gusto para tomar algo, mirar escaparates y sentarse frente a la bahía.
El edificio data del siglo XIX, en una época en la que aún no había puentes para cruzar la bahía y en la que miles de "commuters" tomaban el ferry a diario para hacer el trayecto.