El Empire State Building, 443 metros de desmesura y cine
En la planta 86, el viento neoyorquino te golpea con suavidad mientras la ciudad se extiende bajo tus pies como una maqueta infinita. El ruido de los cláxones de la 5th Avenue ha desaparecido. Solo queda el murmullo del aire, el chasquido de los prismáticos y esa sensación inconfundible de flotar sobre Manhattan.
Este rascacielos Art déco, terminado en 1931, sigue siendo uno de los pocos monumentos capaces de erizarte la piel incluso aunque lo hayas visto mil veces en la gran pantalla.
¿Por qué visitar el Empire State Building?
Cuando John J. Raskob, entonces directivo de General Motors, encargó la construcción de esta torre en 1929, lo hizo para superar a su rival Walter Chrysler y a su propio rascacielos, que estaba a punto de finalizarse.
El resultado fueron 102 plantas levantadas en apenas 410 días, un récord asombroso. Hasta 3.400 obreros trabajaban día y noche en la obra, a un ritmo de cuatro plantas y media por semana. El presidente Hoover inauguró el edificio el 1 de mayo de 1931 encendiendo sus luces desde Washington con solo pulsar un botón.
Desde entonces, el edificio se ha convertido en un símbolo de Nueva York y recibe unos 2,5 millones de visitantes cada año. Su silueta ha servido de escenario para King Kong (1933 y 2005), Algo para recordar o Tú y yo. No es solo un punto de vista sobre la Gran Manzana, es un pedazo de historia estadounidense.
Dos observatorios, dos ambientes
La planta 86: la mítica terraza al aire libre
Aquí es donde sucede todo. La terraza exterior ofrece un panorama de 360 grados sobre Manhattan, Brooklyn, Queens y, si el día está despejado, hasta seis estados diferentes. El viento sopla con fuerza, especialmente en invierno, pero las estufas exteriores hacen que la experiencia sea soportable incluso con mucho frío. Los prismáticos de alta potencia, de uso gratuito, permiten observar con detalle la Estatua de la Libertad, Central Park o el puente de Brooklyn.
La planta 102: la vista a través del cristal
Dieciséis pisos más arriba, el observatorio renovado ofrece ventanales del suelo al techo. El acceso se realiza mediante un ascensor acristalado que atraviesa la aguja del edificio. La vista alcanza hasta 130 kilómetros en días claros. El espacio, más pequeño y climatizado, contrasta con la energía pura de la terraza del piso 86. El suplemento (unos 35 USD en taquilla) merece la pena si la meteorología acompaña.
El museo y las galerías: mucho más que un ascensor a la cima
Antes de alcanzar las alturas, el recorrido atraviesa 12 galerías interactivas repartidas entre las plantas 2 y 80. Allí se descubren las vertiginosas fotografías de Lewis Hine, que documentó la obra: obreros Mohawk en equilibrio sobre vigas de acero a 300 metros del suelo, sin arneses. Una exposición repasa la feroz rivalidad entre Raskob y Chrysler. Más adelante, las manos gigantes de King Kong atraviesan literalmente las paredes para una foto memorable.
El vestíbulo de entrada Art déco de la 5th Avenue, con su techo dorado y sus mármoles restaurados, merece por sí solo una parada. Su renovación requirió 20.000 horas de trabajo artesanal para recrear el fresco original.
Consejo de amigo: la época de menor afluencia es entre enero y marzo, durante los días laborables. Para disfrutar del panorama casi a solas, intenta ir a la hora de apertura a las 10:00 o al final del día después de las 17:00. Las horas cercanas a la puesta de sol son las más concurridas. Considera también el billete AM/PM del CityPASS, que permite subir dos veces en el mismo día: una de día y otra de noche, para vivir dos atmósferas totalmente distintas.
Cuando el edificio se ilumina
Cada noche, las últimas 30 plantas cambian de color según el calendario: rojo y verde en Navidad, arcoíris por el Orgullo, azul y naranja para los New York Knicks. La iluminación está controlada por un sistema LED capaz de producir 16 millones de combinaciones.
Durante las migraciones de primavera y otoño, las luces se apagan en algunas noches de niebla para proteger a las aves migratorias. Un mensaje de texto enviado al número oficial permite conocer el significado de los colores de esa misma noche.
Horarios
*Información sujeta a cambios
Aunque quizás el Empire State Building ya no ofrezca la mejor vista de Nueva York, la panorámica desde la cima sigue siendo increíble. El edificio es todo un mito y posee una historia propia que podréis descubrir allí mismo. Arriba no hay muchísimo espacio, pero el panorama no os decepcionará.