Visitar Guiza
A unos veinte kilómetros al suroeste de El Cairo, Guiza funciona casi como un suburbio de la gran metrópolis. Situada en la orilla occidental del Nilo y conectada con la capital por un puente, la ciudad se divide en barrios con una personalidad muy marcada. Millones de personas viajan aquí cada año con el deseo de contemplar la última de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo que sigue en pie: la gran pirámide de Keops. Sobre la meseta y la necrópolis, otras dos pirámides completan un conjunto fabuloso del Imperio Antiguo, vigilado de cerca por la célebre Esfinge. Es difícil competir contra testimonios históricos de tal magnitud, por lo que Guiza es una parada obligatoria.
La cultura en todas sus facetas
Entre bloques de pisos en distintos estados de conservación, hoteles de lujo y la isla de Qorsaya, donde conviven pescadores y agricultores, Guiza sorprende a quien la visita. Este urbanismo refleja a la perfección la dificultad de hacer convivir un yacimiento milenario con la realidad de una gran urbe contemporánea. Dividida en distritos con identidades muy diferenciadas, Guiza respira una energía constante. Elegante y moderna, Mohandessin apuesta por el estilo y el comercio, con numerosos restaurantes y cafeterías. En los días de partido, el ambiente se vuelve especialmente intenso por ser el feudo de los Ultras Ahlawy. Por el contrario, Kit kat muestra un perfil mucho más popular donde abundan los talleres de cerámica artesanal. Entre los edificios más destacados, la inmensa Universidad de El Cairo, fundada en 1908, presume de una arquitectura sobria que merece una pausa, mientras que muy cerca, el Jardín Botánico Al-Orman actúa como uno de los grandes pulmones verdes de la zona. Sus 12 hectáreas albergan valiosas colecciones de cactus y árboles antiguos; aunque sufrió daños durante la Primavera Árabe, sigue siendo un remanso de tranquilidad. Ubicado en una antigua mansión señorial, el museo Mohamed Mahmoud Khalil reúne piezas artísticas del siglo XIX con una fuerte presencia de autores franceses. En pleno corazón de Egipto, Delacroix, Gauguin, Monet y Van Gogh sorprenden al visitante junto a lienzos de temática orientalista. La vertiente cultural también se respira en la entrañable casa-museo de Taha Hussein, un espacio íntimo para adentrarse en la trayectoria de uno de los intelectuales y escritores más influyentes del siglo XX.
El trabajo artesanal roza la categoría de bellas artes para quienes tienen la oportunidad de conocer el centro Ramses Wissa Wassef: aquí el tejido es el hilo conductor de un proyecto pedagógico único que ha recibido numerosos galardones por su excelencia técnica y su filosofía. En un entorno singular diseñado por su fundador, que también era arquitecto, la visita resulta tan enriquecedora como memorable.
Muy cerca de la avenida Al Bahr Al Aazam aguarda una de las propuestas más singulares para viajar en el tiempo. El Pueblo Faraónico sumerge al visitante en un Antiguo Egipto minuciosamente recreado. Escenas cotidianas, oficios tradicionales, indumentaria y música permiten reencontrarse con las grandes figuras de aquella época en escenarios que evocan la estética de Nubia. Zonas de juegos, espectáculos y áreas infantiles completan un recinto de ocio que sirve como perfecto preludio para el plato fuerte del viaje: el cara a cara con las pirámides originales, levantadas hace 4500 años.
Frente a las Pirámides y la Esfinge
A pocos kilómetros, sobre la extensión desértica, las tres pirámides de la meseta de Guiza se alzan imponentes. La de Keops ocupa el extremo norte del complejo funerario, funciona como tumba monumental y es la más antigua de todas. Con sus 146 metros de altura, es también la más masiva, construida con bloques de piedra caliza de 2,5 toneladas cada uno, un auténtico ejercicio de monumentalidad y misterio. La sensación al acercarse es indescriptible, y el interior se puede visitar a través de pasillos muy estrechos que conducen hasta la cámara del sarcófago. A su lado se alzan las pirámides de Kefrén y Micerino, de dimensiones más modestas, acompañadas por las pirámides de las reinas, los restos del templo funerario y los perfiles de los antiguos pozos y mastabas. El conjunto deja sin palabras.
Alzada desde el año 2590 antes de nuestra era, la Esfinge, de 73 m de largo y 20 m de alto, vigila todo el complejo. Tallada directamente en un único bloque de roca, esta figura incorruptible de nariz fracturada combina un cuerpo de león con un rostro humano. El faraón al que representa sigue generando debate entre los historiadores, pero su vocación de igualarse a los dioses quedó cumplida a través de una obra destinada a la inmortalidad.
Cuándo ir
Con temperaturas primaverales y otoñales que rondan los 32°, los meses de entretiempo son los más cómodos para recorrer Guiza y caminar con tranquilidad por la zona arqueológica. El verano concentra jornadas muy calurosas de aire seco, mientras que el invierno resulta apacible, con medias cercanas a los 14°.
Cómo llegar
Las pirámides se encuentran a 8 km del centro de Guiza, situado a unos veinte kilómetros de El Cairo. Tanto los autobuses urbanos como los taxis conectan ambos puntos con frecuencia. Desde España y numerosas ciudades europeas hay vuelos directos y conexiones regulares hacia El Cairo.
Si hablamos de Guiza como localidad, realmente no tiene interés alojarse allí, es mejor dormir en El Cairo. En cambio, uno va a Guiza por las famosas pirámides de Egipto, que en realidad están muy cerca de la ciudad, así como por la Esfinge. Un buen plan es cenar por la noche en un hotel con terraza en la azotea para admirar el espectáculo de luz y sonido sobre las Pirámides. ¡Estas son, por supuesto, un punto imprescindible en cualquier viaje a Egipto!