San Jerónimo: el monasterio de los conquistadores y el Gran Capitán
El Monasterio de San Jerónimo se alza en el centro de Granada como el primer gran testimonio arquitectónico de la victoria cristiana. Sus piedras narran una historia que comenzó incluso antes de la caída del reino nazarí. Entre sus muros renacentistas descansa uno de los estrategas militares más importantes de la historia de España.
¿Por qué visitar el Monasterio de San Jerónimo?
Fundado por los Reyes Católicos en 1492 durante el asedio de Granada, este monasterio es anterior a la propia Reconquista. La construcción actual comenzó en 1504 utilizando sillares de la antigua puerta árabe de Elvira, un símbolo potente de transformación. Diego de Siloé, tras el fallecimiento de Jacopo Florentino en 1526, metamorfoseó el proyecto gótico inicial en una obra maestra del Renacimiento.
Lo que debía ser un monasterio sencillo se convirtió en un panteón glorioso cuando María Manrique, viuda del Gran Capitán, financió las obras a cambio de un lugar de descanso eterno para su esposo. La iglesia se convirtió así en la primera del mundo consagrada a la Inmaculada Concepción.
Un retablo monumental que desafía el tiempo
La capilla mayor corta la respiración. Su retablo manierista, erigido entre 1576 y 1603, asciende hasta las bóvedas en una explosión de oro y escultura. Siete artistas distintos trabajaron en él durante más de tres décadas, creando uno de los conjuntos más impresionantes de Andalucía.
Los cuatro cuerpos superpuestos narran la vida de Cristo a través de más de treinta escenas talladas. En el centro del primer nivel reina la Virgen de la Pera. Juan Bautista Vázquez el Mozo y Pablo de Rojas cincelaron santos, héroes mitológicos y personajes históricos en una danza vertical que culmina con el Calvario. A ambos lados del retablo, las estatuas orantes del Gran Capitán y de María Manrique montan guardia eterna.
Los tesoros ocultos de la capilla mayor
Dirige la mirada hacia las bóvedas del transepto. Diego de Siloé resolvió con maestría el paso del plano cuadrado al octogonal mediante trompas adornadas con los cuatro evangelistas. Los casetones de la cúpula albergan figuras, monstruos y florones dorados que captan la luz de la mañana de forma espectacular.
El consejo de experto: visita el lugar a media mañana, cuando la luz natural ilumina el retablo desde el mejor ángulo. El audioguía incluido en la entrada revela detalles iconográficos que pasan desapercibidos a primera vista.
Los dos claustros, un viaje arquitectónico
El claustro mayor impresiona por sus dimensiones generosas. Treinta y seis arcos de medio punto en el primer nivel lucen los emblemas de los Reyes Católicos y los escudos de Fray Hernando de Talavera, primer arzobispo de Granada. Los capiteles góticos de follaje sostienen un segundo nivel con arcos rebajados.
Diego de Siloé diseñó siete portadas magníficas que debían conducir a las capillas funerarias de las grandes familias granadinas. Hoy permiten el acceso a dependencias como el refectorio, la sala capitular y una deslumbrante sacristía barroca. Los naranjos del patio desprenden su aroma durante la primavera.
El segundo claustro de la clausura
Fuera de la vista de los visitantes, el segundo claustro combina elementos góticos, mudéjares y renacentistas. Fue allí donde Isabel de Portugal se alojó durante su viaje de novios con Carlos V en 1526. En la actualidad, las monjas jerónimas viven allí siguiendo la regla de silencio y contemplación establecida en el siglo XIV.
Las cicatrices de la historia
Las tropas napoleónicas convirtieron el monasterio en cuartel de artillería en 1810. Destruyeron la torre y saquearon el tesoro, llegando a utilizar sus piedras para construir el puente Genil. Tras la desamortización de Mendizábal en 1835, el edificio volvió a servir como cuartel durante más de un siglo.
No fue hasta 1967 cuando el monasterio recuperó su vocación espiritual. Una comunidad de jerónimas se instaló en 1977, procedentes del monasterio vecino de Santa Paula. Las restauraciones sucesivas, incluida la del retablo en 2004, le han devuelto su esplendor renacentista.
Horarios
*Información sujeta a cambios
Visité este monasterio por consejo de una amiga y me encantó. Menos conocido que la Alhambra, este magnífico lugar ofrece un paréntesis relajante que invita a la meditación. El claustro y su pequeño jardín son encantadores. La iglesia contigua también merece la pena. Me gustó mucho el ambiente revitalizante y la riqueza de la decoración, con unos frescos preciosos. Les recomiendo descargar la audioguía, ya que hay muy pocas explicaciones durante el recorrido.