Visitar el castillo de Neuschwanstein
Situado a lo largo de la ruta romántica bávara, el castillo de Neuschwanstein es uno de los lugares más visitados en Alemania. Fue el rey de Baviera Luis II, un gran apasionado de los relatos medievales y de las óperas de Wagner, quien decidió mandar construir el castillo a partir de 1869. Walt Disney incluso se habría inspirado en él para imaginar el castillo de la Bella Durmiente.
Un castillo de cuento de hadas
Con sus torretas y su ubicación en la cima de los montes rocosos de los Alpes bávaros, el castillo de Neuschwanstein se distingue desde lejos. De acuerdo con los deseos de su creador, el edificio es el resultado de una hábil mezcla entre arquitectura medieval y arte neogótico característico del siglo XIX.
En el interior, se proyectaron más de 200 salas para las necesidades de Luis II, deseoso de construir un palacio a su imagen y a la de sus dos grandes pasiones: Wagner y las aventuras del caballero del cisne Lohengrin. Por ello, en su interior se encuentra toda una imaginería y decoración evocadoras del romanticismo, con escenas de amor y arrepentimiento, además de aventuras caballerescas. La riqueza de los ornamentos en la sala del trono y su lámpara de araña de 4 metros de altura resultan especialmente impresionantes.
La residencia de verano del rey loco de Baviera
Si la visita al castillo fascina, también se debe a la leyenda que lo rodea. En efecto, el rey Luis II insistió en levantar este palacio aislado sobre las ruinas de una antigua fortaleza que perteneció a la dinastía local de Schwangau. Con el deseo de retirarse del mundo y vivir en consonancia con sus fantasías, habitó en solitario este gigantesco castillo a partir de 1873. Por desgracia, este ambicioso proyecto llegó a su fin con la muerte del monarca, ya que solo 15 de las 200 habitaciones que componen el castillo llegaron a terminarse.
Horarios
En verano (de abril al 15 de octubre): de 9:00 a 18:00
En invierno (del 16 de octubre a marzo): de 10:00 a 16:00
*Información sujeta a cambios
Lo visité durante un viaje escolar con un guía y sigue siendo mi mejor recuerdo de Baviera. La silueta de este magnífico castillo, que emerge de las rocas y los árboles, me maravilló. ¡Me sentí como en pleno cuento de hadas! La decoración interior te sumerge en una atmósfera romántica deliciosa, llena de leyendas medievales, con unas pinturas murales preciosas. La vista desde la plaza del castillo es suntuosa.
Me dio pena que la visita fuera un poco corta (unos 30 minutos), ¡me hubiera gustado tomarme más tiempo para descubrir los secretos del monumento!