Visitar el Pabellón Dorado
Es imposible recorrer los lugares más emblemáticos de Japón sin acercarse al Kinkaku-ji, cuyo nombre oficial es Rokuon-ji (el "templo imperial del jardín de los ciervos"). Situado en Kioto, en la isla de Honshu, es un destino fundamental tanto para los japoneses como para los viajeros internacionales.
Historia de un monumento imprescindible
Fue en 1397 cuando el shogun (general) Yoshimitsu Ashikaga ordenó construir el Pabellón Dorado. El lugar estaba destinado a ser una villa privada, pero su hijo lo convirtió en un templo budista zen y lo rebautizó como Rokuon-ji. El edificio ha sufrido diversos contratiempos, especialmente cuando fue incendiado en 1950 por un monje, episodio que relata el libro El pabellón de oro de Yukio Mishima. El templo fue reconstruido siguiendo la arquitectura japonesa de los siglos XIV y XV y hoy resplandece más que nunca. Su importancia es tal que está catalogado como Sitio Histórico Especial de Japón, Lugar Especial de Belleza Pintoresca y es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Una arquitectura delicada y elegante
Tanto en verano como en invierno, el Pabellón Dorado destaca por su presencia. El edificio está revestido de pan de oro y cuenta con tres plantas, cada una diseñada con un estilo arquitectónico distinto: la planta baja recuerda a los palacios de la época Heian (794 a 1185), la primera planta evoca las casas de los samuráis y la segunda sigue el estilo de los templos zen. No es posible visitar el interior, ya que es un recinto sagrado que alberga reliquias de Buda. Sin embargo, se puede recorrer el sendero que rodea el estanque y los pinos, que ofrece las mejores perspectivas del Pabellón Dorado. Los jardines conducen hacia las estribaciones de las montañas, entre bosquetes, estanques y estatuillas religiosas. Fueron diseñados como una representación en miniatura del paraíso de Buda Amida. Dentro del parque, la Casa del té recibe a los visitantes que desean hacer una pausa con una bebida caliente.
Horarios
*Información sujeta a cambios
Fui a Japón cuando tenía 8 años, pero tengo un recuerdo inolvidable del Pabellón Dorado de Kioto. Estaba observando el jardín mientras seguía a mis padres aquel día, y recuerdo haber visto el Pabellón Dorado arriba de una escalinata y haberme quedado maravillada por su belleza. Decidí entonces bajar los escalones para seguir a mis padres, y mientras bajaba sentí que alguien me daba unos golpecitos en el hombro. Me di la vuelta para descubrir a una maiko maquillada, con su traje tradicional, que me miraba. Me quedé impresionada, me giré hacia mi padre que sacaba su cámara, y... ¡clic-clic! La foto de mi retrato con una aprendiz de geisha todavía está expuesta en mi casa, y este recuerdo está para siempre asociado a la delicada belleza del Pabellón Dorado de Kioto :)