Visitar el templo de Wat Arun
Aruna, el dios del amanecer en la mitología hindú, da nombre a este impresionante templo de Bangkok. Su arquitectura representa nada menos que el Mont Meru, el centro del universo en la cosmología budista.
Historia
Antes de la llegada del rey Taskin, en este mismo emplazamiento se alzaba el antiguo templo de Wat Makok Nok. El monarca decidió renovarlo por completo y cambió su nombre por el de Wat Chaeng, el Templo del Amanecer.
Fue el rey Rama I quien eligió este lugar para albergar el famoso Buda de Esmeralda, aunque también fue él quien decidió trasladarlo pocos años después.
Más tarde, los reyes Rama II y III ordenaron la construcción de la torre central de 85 metros que preside el corazón del complejo. En la arquitectura budista, estas torres reciben el nombre de Prangs.
Bajo el reinado de Rama IV, los prangs del templo fueron decorados con fragmentos de porcelana china, donados por los habitantes locales.
Finalmente, el templo requirió una nueva fase de restauraciones profundas entre 2012 y 2017 para recuperar su esplendor y luminosidad originales.
El templo de Wat Arun
Situado frente al templo más visitado de la ciudad, el Wat Pho, este recinto goza de una reputación internacional y recibe a un gran número de visitantes cada año.
En la cima del Prang central se alza un tridente de siete puntas. Según la leyenda, perteneció al dios Shiva. La base de este Prang resulta imponente, con una circunferencia que supera los 234 metros.
Un consejo útil
Justo al otro lado del río Chao Phraya, frente al templo de Wat Arun, encontrarás varios restaurantes. Merece la pena cenar allí para contemplar la estructura iluminada durante la noche.
Horarios
*Información sujeta a cambios
El templo Wat Arun es un lugar imprescindible en Bangkok. Todavía no lo habíamos visto y es una visita que realmente no te puedes perder. La arquitectura es magnífica, diferente a la de otros templos, y el ambiente al atardecer es increíble. El acceso en barco por el Chao Phraya añade aún más encanto a la experiencia. Es muy fotogénico y diferente a todo lo habitual, así que lo recomiendo encarecidamente. Aunque a mí me encantó cada visita a los templos. Los niños, en cambio, ya estaban un poco hartos de ver un templo más, pero la llegada en barco le dio un toque divertido.