Visitar el templo Wat Pho
Si te apasionan los templos y pasas por Bangkok, es obligatorio hacer una parada en el templo de Wat Pho, cuyo nombre oficial es Wat Phra Cherruphon Wimon Mangkhalaram Ratchaworamahawihan. Para facilitar las cosas, lo llamaremos simplemente el templo del Buda reclinado.
Historia
Antes de su construcción actual, en este mismo lugar se alzaba el templo de Wat Podharam. Aunque los datos sobre sus orígenes no son del todo precisos, se estima que databa del siglo XVII.
En 1767, el soberano Taksin trasladó la capital y ordenó erigir un palacio real a escasos metros del recinto, momento en el que el lugar fue declarado monasterio real.
En 1790, Rama I emprendió una restauración integral que se prolongó durante casi 11 años. En 1801, reabrió sus puertas bajo el nombre de Phra Chetuphon Vimolmangklavas, incorporando numerosas figuras de Buda traídas desde todos los rincones del país.
Sin embargo, fue en 1839 cuando Rama III renovó el complejo y amplió su superficie hasta alcanzar las ocho hectáreas actuales. También fue él quien ordenó construir la capilla y la estatua del Buda reclinado. El nombre que conserva hoy en día fue otorgado más tarde por Rama V.
El templo Wat Pho
Este espacio budista es el más popular de Tailandia y recibe alrededor de 12000 visitantes al día. Puedes contratar una visita guiada para recorrer la zona norte del templo y sus jardines, ya que la parte sur está reservada para las residencias monásticas y los centros de enseñanza. Mantén la vista atenta para no perderte los magníficos frisos que decoran el lugar.
Por supuesto, el punto central es el gran Buda reclinado, con 43 metros de largo por 15 metros de altura. Está recubierto íntegramente de pan de oro y representa una pieza fundamental del arte religioso local.
Como habrás comprobado, Wat Pho es un lugar imprescindible, situado a muy poca distancia del palacio real.
Horarios
*Información sujeta a cambios
El templo que alberga al famoso Buda reclinado es, sencillamente, una visita obligada en Bangkok. La estatua es inmensa e impresionante.
Más allá de esta obra majestuosa, pasear por el recinto del templo es un verdadero placer: se descubren detalles arquitectónicos magníficos, patios interiores y una atmósfera sorprendentemente tranquila a pesar de la afluencia diaria de visitantes.
Una visita que no hay que perderse.