Terraza Dufferin: 430 metros de madera frente al río San Lorenzo
El viento del río golpea las tablas de madera, desgastadas por millones de pasos. A tus pies, 60 metros más abajo, el barrio del Petit-Champlain se extiende a lo largo de la orilla. A tus espaldas, la silueta masiva del Château Frontenac se recorta contra el cielo. Este paseo de madera de 430 metros, colgado sobre el cap Diamant desde 1879, es el mirador más emblemático de Quebec.
¿Por qué este paseo deja tanta huella?
Antes de ser un espacio público, esta terraza estaba reservada a los gobernadores coloniales. Samuel de Champlain construyó aquí su residencia en 1620. Durante dos siglos, solo los dignatarios pudieron disfrutar de este panorama. La apertura al público en 1838 transformó aquel privilegio en un patrimonio colectivo. Cada año, cerca de 2,5 millones de visitantes recorren estas tablas.
Lord Dufferin, gobernador general de Canadá entre 1872 y 1878, salvó las fortificaciones de la demolición y amplió la terraza de 85 a 430 metros. Él mismo colocó la primera piedra en 1878. Seis quioscos de techos verdes y blancos jalonan el recorrido, con nombres de figuras históricas: Frontenac, Plessis, Victoria, Lorne y Princesa Luisa.
Los puntos fuertes del recorrido
El panorama sobre el río
La vista abarca hasta la l'Île d'Orléans (isla de Orleans) y la orilla sur. Los transbordadores hacen el trayecto hacia Lévis, dejando estelas blancas sobre el agua gris o azul según la estación. Al atardecer, la luz convierte el río en un espejo cobrizo.
Los vestigios bajo tus pies
Unos prismas de cristal integrados en el suelo permiten ver las ruinas del Château Saint-Louis (Castillo de San Luis). Esta cripta arqueológica, única en América del Norte, conserva los restos de cuatro fuertes y dos castillos construidos entre 1620 y 1834. Parcs Canada (Agencia de parques nacionales de Canadá) ofrece visitas guiadas de unos 60 minutos para explorar estos cimientos donde el propio Champlain pasó sus últimos días. Más de 500 000 objetos fueron recuperados durante las excavaciones realizadas entre 2005 y 2007.
Los cañones y la estatua de Champlain
Varios cañones británicos de finales del siglo XVIII bordean el paseo. En el extremo oeste, el monumento de Samuel de Champlain, inaugurado en 1898, domina el río que él mismo remontó por primera vez en 1608.
El invierno: la pista de trineo centenaria
Desde 1884, una pista de madera de 250 metros desafía la gravedad en la ladera del cap Diamant. Los trineos descienden por tres corredores de hielo a velocidades que alcanzan los 70 km/h. Cuatro pasajeros por trineo, gritos que cortan el aire gélido y una llegada frenética frente al río. Esta atracción funciona desde mediados de diciembre hasta mediados de marzo, siempre que las condiciones meteorológicas lo permitan. El quiosco Au 1884 vende las entradas y ofrece chocolate caliente y jarabe de arce para entrar en calor.
Consejo de amigo: Para evitar las largas esperas en los trineos, acude a la apertura a las 10h o al final del día sobre las 16h. La experiencia es más espectacular al caer la tarde, cuando las luces de la parte baja de la ciudad se encienden una a una.
El verano: artistas callejeros y funicular
El buen tiempo trae músicos, malabaristas y tragafuegos a las tablas. El funicular del Vieux-Québec, en servicio desde 1879, conecta la terraza con el barrio del Petit-Champlain en menos de un minuto. Para quienes prefieren las escaleras, la promenade des Gouverneurs (paseo de los Gobernadores) asciende hacia la Ciudadela y las llanuras de Abraham desde el extremo este de la terraza. En 1885, la terraza se convirtió en el primer lugar público de América del Norte en ser iluminado por farolas eléctricas.
En resumen:
- Vistas al río San Lorenzo, Lévis y la l'Île d'Orléans
- Acceso al funicular hacia el Petit-Champlain
- Cripta arqueológica de los Forts-et-Châteaux-Saint-Louis
- Pista de trineo en invierno
- Animaciones y espectáculos callejeros en verano
Desde la terraza tendrás unas vistas preciosas del castillo y del río. Es el lugar ideal para pasear, escuchar a los artistas callejeros o comer un helado. Bajo la terraza, un acceso al yacimiento arqueológico permite visitar los vestigios. El paseo suele estar muy concurrido, sobre todo en ciertas épocas.