Visitar el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo
La unión entre un monasterio cartujo y el arte contemporáneo resulta tan inesperada que se convierte en una obra en sí misma. Cuando este encuentro ocurre en la isla fluvial de Cartuja, rodeada por las aguas del canal Alfonso XIII, el visitante sabe que el asombro está garantizado. El Centro Andaluz de Arte Contemporáneo es una propuesta cultural fascinante que tiene el lujo de instalarse en el increíble monasterio de la cartuja de Santa María de las Cuevas, un monumento cuyo patrimonio artístico y arqueológico es tan apasionante como su propia historia. Esa es la magia de Sevilla, transformar su pasado en la fuerza del presente y hacer convivir ambos mundos con brillantez y naturalidad.
La alianza entre arte e historia
Nada presagiaba que este lugar cargado de historia se convertiría en un centro donde brillarían las tendencias artísticas desde el siglo XX hasta la actualidad. Se trata de una apuesta arriesgada pero sumamente exitosa, pues el CAAC no podría haber encontrado mejor marco que el monasterio para exponer piezas de Joan Miró, Pablo Palazuelo, Louise Bourgeois o Candida Höfer, por citar solo algunos nombres. La colección permanente es una oda a la creatividad andaluza, con pinturas, cerámicas y fotografías donde se suceden artistas de gran talento en un conjunto impactante cargado de compromiso. Las exposiciones temporales otorgan una gran vitalidad al recinto, que permanece muy activo con espectáculos y conferencias. Obviamente, el monasterio es en sí mismo una obra arquitectónica mudéjar y gótica, con una historia apasionante: fue originalmente un lugar donde el barro del Guadalquivir se transformaba en hornos, pero una aparición de la Virgen en 1248 cambió su destino al construirse allí una ermita franciscana. La Orden de los Cartujos los reemplazó en 1400 y se añadieron una iglesia, un claustro y una capilla. Hacia 1500 se completaron la iglesia y el recinto, que sorprendentemente fue reconvertido en una fábrica de loza en 1841. En 1997, el CAAC encontró en esta joya, que también fue lugar de estancia y enterramiento de Cristóbal Colón, el marco a su altura.
Me interesaba sobre todo el lugar, este antiguo monasterio convertido en fábrica de cerámica. Me gustó mucho el monumento, cuya silueta se refleja en el agua. Alberga dos bonitos claustros y capillas que dan fe de la arquitectura de la época, además de una terraza muy agradable. Fui un domingo y asistí a un concierto de jazz gratuito (la agenda está en la página web del museo).
Las colecciones me parecieron interesantes, a veces extrañas. Hay cerámicas preciosas y pinturas andaluzas, pero también obras bastante complicadas de entender. No lo recomendaría si no eres aficionado al arte.