Visita al Museo de Battambang
El edificio que alberga el museo presenta la típica arquitectura de inspiración poscolonial. Destaca por sus frontones profusamente decorados con motivos jemeres y sus tejados entrelazados de tejas rojas.
A tu llegada, te recibirán los célebres leones situados a ambos lados de la puerta principal, siempre mirando de frente a los visitantes. Según la tradición, estos leones ahuyentan a los malos espíritus, impidiendo que accedan al interior.
Las salas de exposición
La primera sala está dedicada a numerosos bajorrelieves, estatuas de piedra, estelas cubiertas de inscripciones y cabezas de devas. Estos bajorrelieves suelen evocar las leyendas religiosas del hinduismo, la fe adoptada durante la época angkoriana antes de que el budismo se consolidara como la religión oficial de los jemeres. Es frecuente encontrar representaciones del Mahabharata o del batido del océano de leche, uno de los dos grandes poemas épicos fundacionales del hinduismo. También se exhibe un enorme linga de piedra, símbolo del principio masculino.
El museo conserva asimismo numerosas cabezas de estatuas. Aunque guardan cierta semejanza con Buda, la mayoría representa al rey fundador Jayavarman. Estas piezas, pertenecientes al periodo angkoriano (siglos X al XV), fueron recuperadas en templos de los alrededores de la ciudad, como Wat Sampeu y Wat Ek Phnom.
En otra sala podrás observar la colección de estatuas de Buda, que incluye dos espectaculares huellas de sus pies finamente talladas. La mayoría de estas estatuas son de madera policromada y datan de la época moderna (siglos XIX y XX). Sin embargo, también se conservan piezas de bronce y piedra en excelente estado, cuya factura es mucho más antigua, remontándose a los siglos X al XIII.
Por último, una sección del museo está dedicada a objetos de origen prehistórico, entre los que destaca la sorprendente reconstrucción de un esqueleto humano y diversos restos de cerámica hallados en las inmediaciones. Estas piezas atestiguan la presencia humana prehistórica en esta región desde hace 70 000 años.
El recorrido finaliza con una muestra de cerámicas y objetos cotidianos que ilustran la vida local durante el siglo XIX y principios del XX.
No siempre está abierto, a veces hay que pedir que te abran, pero merece la pena visitarlo sin aglomeraciones y tiene piezas muy bonitas de arte angkoriano.