Visitar la plaza Yamaa el Fna
Situada al suroeste de la medina de Marrakech, la plaza Yamaa el Fna constituye el corazón de la ciudad ocre y un enclave cultural fundamental, inscrito en el patrimonio mundial de la Unesco. Recibe cada año a más de 2,5 millones de visitantes.
En sus orígenes, la plaza servía como lugar para la ejecución pública de penas. Allí se decapitaba a los criminales, cuyas cabezas quedaban expuestas. Su nombre designa literalmente la asamblea de los Muertos, la reunión de los Difuntos o la plaza de la Nada.
Una animación permanente
De forma triangular, flanqueada por los zocos a un lado y por la mezquita Kutubía y el palacio real por el otro, la plaza mantiene una actividad incesante en un ambiente cálido y festivo. Durante el día, los feriantes, los guerrabs (vendedores de agua con trajes tradicionales) y artistas callejeros como tragafuegos, tatuadoras de henna, encantadores de serpientes, adiestradores de monos y adivinas dan vida al espacio. Al caer la tarde, se instalan los puestos de comida que sirven platos como cuscús y tajines. A diario se sirven allí más de 10 000 cubiertos.
Un lugar que no deja indiferente
Más que una simple plaza o lugar de paso, Yamaa el Fna es una parada obligatoria en cualquier primer viaje a Marrakech. Aunque no a todo el mundo le entusiasma su aire de espectáculo medieval, nunca deja a nadie indiferente. Es un punto de encuentro popular donde se puede convivir con los marrakchís, conocidos por su hospitalidad, generosidad y sentido del humor.
Antes de sumergirte en el centro de la plaza, gana algo de altura para admirarla en conjunto. La terraza del Hôtel de France, el más antiguo, o el techo de la Brasserie du Glacier ofrecen buenas vistas, especialmente al atardecer. En 2001, la Unesco le otorgó el estatus de Patrimonio Mundial inmaterial, ya que concentra la esencia del patrimonio marroquí a través de su música, danzas, relatos, gastronomía y folclore.
¡Qué espectáculo! Aquí el cambio de aires es total.
Entre los encantadores de serpientes, los vendedores ambulantes y los puestos coloridos llenos de frutas, uno no sabe ni a dónde mirar, ¡todos los sentidos están alerta!
Al caer la noche, me encantó pasear entre los restaurantes ambulantes para descubrir las especialidades locales.
Eso sí, un punto negativo por el espectáculo con los animales encadenados (monos)...