Isla de Versalles en resumen
Situada sobre el Erdre, un afluente del Loira en el centro de Nantes, la isla artificial de Versalles es uno de los muchos parques y jardines de la ciudad. Aunque se creó en 1831 durante la excavación del canal de Nantes a Brest, tuvieron que pasar más de 150 años antes de que sus 1,7 hectáreas se transformaran en el jardín japonés que vemos hoy. Es un espacio diseñado para pasear sin prisas, donde su estética y ambiente zen resultan inesperados en un entorno urbano.
En sus inicios, la isla albergó actividades artesanales que requerían un acceso constante al agua, como lavanderías o tenerías. Cambió de nombre en varias ocasiones, pasando por Marais de Barbin, Ile Le Gall o Ile aux Singes, hasta adoptar el nombre definitivo de Isla de Versalles en referencia a la gran propiedad homónima colindante.
Inaugurada en 1987 por el alcalde Michel Chauty, un entusiasta de Japón, la isla se organiza en torno a dos estructuras tradicionales niponas. Entre ellas destaca la Maison de l'Erdre (Casa del Erdre), que acoge exposiciones temporales sobre el río y el entorno acuático, además de un pabellón de té. El conjunto se completa con una capitanía. Con sus cerezos en flor durante la primavera y los arces que tiñen el paisaje de rojo en otoño, el jardín permite observar el paso de las estaciones en un entorno muy cuidado. Encontrarás pinos podados en forma de nube y estanques con carpas. Si tienes tiempo, puedes alquilar un barco eléctrico o una canoa. Al atardecer, el paseo por el Erdre es una experiencia recomendable.
En pleno corazón de la ciudad, la Isla de Versalles permite dejar de lado el ruido y la contaminación para recargar energías. Aunque es artificial, no deja de ser agradable. Como nantesa, me encanta visitar este bonito jardín para pasear con tranquilidad.