Visitar el Partenón
En el corazón de la Acrópolis, la mirada se dirige inevitablemente hacia un punto: el Partenón, el edificio central del santuario más célebre del mundo. Como gran templo dedicado a la diosa Atenea, protectora de la ciudad, fue construido entre el 447 y el 432 antes de nuestra era, bajo el mandato de Pericles. Es uno de los monumentos más ilustres y emblemáticos de la civilización griega. Tras siglos de vicisitudes que lo han deteriorado, habiendo sido transformado en iglesia bizantina de 1208 a 1258, luego en mezquita en 1458, utilizado como polvorín por los turcos en 1687 y afectado por un terremoto en 1804, actualmente es objeto de restauraciones. Las labores de conservación continúan hoy en día, conviviendo con las visitas turísticas.
Un prodigio de arquitectura y detalle
Su mármol pentélico albergaba la estatua de la diosa Atenea Partenos, una obra colosal del escultor Fidias que alcanzaba los 12 metros de altura. Realizada en marfil y oro, era el centro de todas las ofrendas y resplandecía en este impresionante entorno. No era la única pieza de valor, pues el Partenón también custodiaba en la sala de las vírgenes tanto el tesoro de la diosa como el de la ciudad. Como obra maestra de la arquitectura con acabados excepcionales, sigue siendo un edificio imponente a pesar del paso del tiempo y sus daños. Es un templo dórico que cuenta con un total de 46 columnas, 8 en cada fachada y 17 en los laterales, con 70 metros de longitud y casi 31 metros de anchura. Fue construido con los materiales más nobles de la época y destaca especialmente por la calidad de su estructura y sus elementos decorativos.
Gracias a sus ilusiones ópticas en las líneas, frisos que narran procesiones y juegos, y altorrelieves dedicados a combates, los grandes museos del mundo conservan gran parte de sus vestigios. Pericles veía en este monumento un símbolo de grandeza. Citado aún hoy como una obra arquitectónica perfecta, el Partenón impresiona a sus visitantes e ilumina Atenas.
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*Información sujeta a cambios
El Partenón es un monumento que tenía muchas ganas de ver desde hace tiempo. Por fin pude hacerlo hace unos años durante mi estancia en Grecia. Las columnas masivas dan, sin duda, una impresión de poder, pero el monumento consiste simplemente en unas ruinas que no están necesariamente bien conservadas. Sin embargo, la vista que ofrece de la ciudad de Atenas sigue siendo magnífica.