El número 1 mundial del viaje online
Cuando el informático Geert-Jan Bruinsma fundó Booking.com en 1996 en Ámsterdam, estaba lejos de imaginar que su pequeña start-up, financiada en aquel momento por la Universidad de Twente, se convertiría en una de las mayores sociedades de comercio electrónico del mundo en el sector de los viajes. Tanto es así que, cuando la plataforma fue adquirida en 2005 por el grupo estadounidense Priceline, la operación permitió resolver sus problemas financieros, transformando pérdidas de varios millones de dólares en beneficios de cerca de mil millones, lo que convirtió a esta compra en "la mejor adquisición en la historia de Internet".
Booking.com o la reserva en todas sus formas
Si al principio el objetivo era la simple reserva de alojamientos para viajes de negocios y turismo, hoy se trata de poner a disposición del usuario una plataforma única para reservar absolutamente todo lo necesario para viajar, ya sea alojamiento, transporte (vuelos, coches de alquiler, taxis al aeropuerto) o incluso atracciones y actividades durante la estancia.
Y en cuanto al alojamiento, estamos muy lejos de la simple habitación de hotel. Booking.com ofrece a sus clientes la posibilidad de elegir entre nada menos que 50 tipos de alojamiento, desde los más tradicionales (apartamentos, complejos hoteleros, villas, albergues, bed and breakfasts, casas rurales) hasta los más singulares (riads, ryokans, hoteles barco, tiendas de lujo, tiny houses). Todo ello para todos los presupuestos en todo el mundo, con la idea central de hacer que explorar el mundo esté al alcance de todos.
¿Y qué mejor para lograrlo que un sitio de reservas online disponible en 43 idiomas? Con esta ventaja lingüística, Booking.com se asegura llegar a una clientela internacional a la que mima con su asistencia 24/7, su política de "cero gastos de gestión" y, por último, su programa de fidelidad Genius de niveles 1 y 2, que ofrece al cliente un descuento del 10 por ciento sobre el precio habitual de su alojamiento.
Para no pisar ni loco.
Booking no verifica para nada los alojamientos que ofrece. Una experiencia malísima: alojamiento pagado a precio de oro que encima era insalubre, y un servicio de atención al cliente que te hace creer que van a hacer algo pero no hacen nada. Por si fuera poco, el número de reserva y el código dejaron de funcionar, así que no hay manera de contactar con ellos. En Booking, el cliente claramente no tiene la razón, pero el dueño que alquila su cuchitril sí.