Visitar Glasgow
Glasgow es una ciudad escocesa y la tercera más poblada del Reino Unido , con cerca de 600.000 habitantes. Entre los siglos XVIII y XX, la ciudad experimentó un desarrollo comercial e industrial vertiginoso. Su legado arquitectónico es un testigo directo de aquella época, como se puede apreciar en el barrio de Hyndland, famoso por sus altos edificios de arenisca roja. A principios del siglo XX, Glasgow también fue un referente del movimiento art nouveau gracias al arquitecto Charles Rennie Mackintosh , quien dejó su sello en edificios emblemáticos como la Mackintosh House y la Glasgow School of Art.
Una etapa clave en Escocia
Desde la Edad Media, Glasgow ha sido un obispado fundamental para el Reino de Escocia. Para comprobarlo, basta con visitar la catedral de Saint Mungo. Después, te recomiendo un paseo por la Necropolis, un cementerio fascinante que alberga una colección impresionante de lápidas de la época victoriana.
Dirígete después a George’s Square, la plaza principal y el acceso natural al corazón comercial y cultural de la ciudad. Además del ayuntamiento, encontrarás edificios victorianos imponentes como el GOMA, un museo dedicado al arte moderno y contemporáneo. Es allí donde la famosa estatua del duque de Wellington, coronada por un cono de obra a modo de sombrero, sigue despertando la curiosidad de los visitantes. Continúa por Buchanan Street para explorar otros puntos clave, como el LightHouse: esta torre alberga una colección de diseño al estilo Mackintosh y merece la pena subir sus escaleras para disfrutar de una vista panorámica de la ciudad.
El pasado industrial de Glasgow
La ciudad vivió una transformación industrial profunda durante el siglo XIX, impulsada principalmente por la siderurgia y la metalurgia. Aunque en los años 80 atravesó una crisis que afectó a su imagen local e internacional, Glasgow ha sabido reinventarse con éxito, dejando atrás la sombra de su vecina Edimburgo. Hoy en día, su vibrante escena musical es reconocida a nivel mundial, habiendo dado lugar a grupos como Simple Minds, Belle & Sébastien o Franz Ferdinand.
Para sumergirte en la cultura industrial, nada mejor que el barrio de Finnieston, un antiguo puerto reconvertido que destaca por su dinamismo y ambiente actual. Siguiendo el curso de los antiguos muelles, el RiverSide Museum, diseñado por la arquitecta Zaha Hadid, ofrece una inmersión completa en la historia de la industria marítima.
Muy cerca, el parque de Kelvingrove alberga el Kelvingrove Art Gallery and Museum. Este edificio monumental construido en 1901 custodia colecciones históricas y artísticas de gran valor, entre ellas el célebre cuadro de Salvador Dalí, el Cristo de San Juan de la Cruz. Desde allí, puedes pasear junto al río Kelvin para descubrir otros rincones, como el jardín botánico de Glasgow, que cuenta con más de 200 años de historia.
¿Cuándo ir?
La mejor época para disfrutar de Glasgow es cuando el tiempo acompaña, entre mayo y septiembre.
¿Cómo llegar?
Existen vuelos directos desde Francia hasta Glasgow. Otra opción es aterrizar en Edimburgo y completar el trayecto en tren. Una vez allí, no dejes de probar el metro de Glasgow, uno de los más antiguos del mundo; sus característicos vagones naranjas te transportarán a otra época.
Aunque prefiero Edimburgo con diferencia, Glasgow puede merecer la pena, al menos para visitar la ciudad en autobús y descubrir su impresionante arquitectura victoriana (y gótica). Os recomiendo la visita a su universidad. Un pequeño consejo: mejor optar por el autobús o el taxi, pero no aventurarse en coche por Glasgow, ya que es mucho más complicado conducir allí que en otras ciudades...