Visitar Ventimiglia, una escala fronteriza entre Italia y Francia
Una ciudad en el cruce de dos culturas
Situada a pocos kilómetros de la frontera francesa, Ventimiglia es la primera ciudad italiana que encuentras al llegar desde Menton. Su carácter es un punto de encuentro entre influencias italianas y francesas, con un centro con vida, mercados conocidos y un casco antiguo con mucho encanto. No es un destino de masas, pero resulta ideal para quienes buscan una atmósfera auténtica y una ubicación privilegiada entre el mar y la montaña.
¿Qué ver en Ventimiglia?
El centro histórico, encaramado en lo alto de una colina, es uno de sus principales atractivos. Allí se encuentra la catedral de la Asunción, una estructura románica del siglo XI que conserva un baptisterio octogonal adyacente. Perderse por sus callejuelas empedradas permite descubrir un patrimonio tranquilo y lleno de detalles. Más abajo, el paseo marítimo recorre la costa y ofrece acceso a playas, aunque es importante recordar que en esta zona predominan los cantos rodados frente a la arena fina.
Muy cerca, los jardines Hanbury son una parada obligada para los amantes de la botánica. Ubicados a unos pocos kilómetros al oeste de la ciudad, estos jardines del siglo XIX destacan por su colección de plantas exóticas y unas vistas privilegiadas del Mediterráneo.
El mercado de Ventimiglia: una cita ineludible
El mercado de Ventimiglia, que se celebra cada viernes en el paseo marítimo, atrae a una multitud de visitantes desde la Costa Azul. Se puede encontrar de todo: ropa, artículos de cuero y productos alimentarios locales. Conviene mirar bien lo que se compra, ya que algunos puestos ofrecen artículos de calidad desigual. Para una experiencia más auténtica y directa, es mejor acercarse al mercado cubierto, abierto toda la semana, donde se pueden adquirir productos frescos directamente de los productores.
Gastronomía local: ¿qué probar en Ventimiglia?
La cocina de Liguria, a la que pertenece la ciudad, se basa en el uso del aceite de oliva, la albahaca y los productos del mar. Entre sus especialidades destaca la focaccia, un pan plano y tierno que a menudo se aliña con hierbas, cebolla o aceitunas. La farinata, una torta fina hecha con harina de garbanzos, es otra opción muy popular.
Para una comida más contundente, se puede optar por los platos de pasta al pesto o los raviolis rellenos de borraja. Como postre, los amaretti, esos pequeños dulces de almendra, son un clásico que nunca falla.
¿Cuándo ir?
El clima mediterráneo permite visitar Ventimiglia durante todo el año, aunque los mejores momentos son la primavera y el otoño, cuando las temperaturas son suaves y hay menos turistas. En verano, la ciudad se llena mucho más, sobre todo en los días de mercado. Si buscas algo especial, el combate de las flores, un desfile de carrozas decoradas que se celebra en febrero, es un acontecimiento muy llamativo.
¿Cómo llegar?
Desde Francia, Ventimiglia es fácilmente accesible en tren desde Niza en unos cuarenta minutos por un precio de unos 5 EUR. Si viajas en coche, debes tomar la autopista A8 hasta la salida de Menton y después seguir la carretera de la costa. Para quienes llegan desde más lejos, el aeropuerto más cercano es el de Niza, a unos 40 km. Existen conexiones regionales constantes que permiten llegar a Ventimiglia cómodamente desde las principales localidades de la zona.
Ventimiglia me sorprendió por su ubicación ideal junto al mar, a pocos pasos de la frontera francesa. Me encantó pasear por su mercado cubierto, lleno de colores y aromas, con sus puestos rebosantes de frutas, verduras y deliciosos quesos italianos.
El paseo marítimo ofrece recorridos muy bonitos, seguros gracias a sus senderos peatonales y carriles bici. Un lugar perfecto para disfrutar de la suavidad mediterránea con total tranquilidad.