Visitar Innsbruck
Innsbruck es la capital del Tirol, una región situada en pleno corazón de los Alpes austriacos. Esta antigua ciudad medieval, bañada por el río Inn, fue residencia de la dinastía de los Habsburgo entre los siglos XIV y XVII, antes de volver a Austria en 1814, tras el paréntesis bávaro abierto en 1805, algo que el Congreso de Viena confirmó. Con unos 130 000 habitantes, Innsbruck es una localidad de ambiente deportivo y activo, rodeada por cumbres que alcanzan más de 2000 metros de altura.
Descubrir el legado de los Habsburgo
La ciudad fue durante mucho tiempo un centro de referencia para la élite intelectual y cultural germana, siendo sede de uno de los centros escolares más antiguos de Austria, el Akademisches Gymnasium Innsbruck. La arquitectura gótica y barroca deja su huella en edificios como el Tejadillo de Oro (Goldenes Dachl), una logia construida bajo las órdenes del Emperador Maximiliano I, quien solía realizar declaraciones públicas y asistir a eventos desde ese balcón. Su tejado, cubierto con tejas de cobre dorado, alberga hoy el museo de historia de la ciudad y de la familia imperial.
En el casco antiguo, que guarda cierta semejanza con la disposición compacta de los barrios históricos de ciudades como Segovia, encontrarás el impresionante palacio imperial de la Hofburg y la emblemática catedral de Santiago. Aunque su origen es gótico, fue reconstruida por completo a principios del siglo XVIII en estilo barroco para adaptarse a las modas de la época. Para entender la influencia de Maximiliano I en la capital del Tirol, visita la Hofkirche, que su nieto Fernando I levantó décadas después de su muerte para un sepulcro que quedó vacío: Maximiliano reposa en Wiener Neustadt. Lo flanquean las altas estatuas de bronce conocidas como los Schwarze Mander, las figuras negras, que representan a los miembros de la dinastía de los Habsburgo. Junto a este edificio, el museo de arte popular tirolés es una parada clave para conocer las tradiciones de esta parte de Austria. Si quieres observar el casco antiguo desde las alturas, sube los peldaños del antiguo campanario para disfrutar de vistas panorámicas a los Alpes.
Escaparse por el valle del Tirol
Los amantes del arte y la historia disfrutarán del museo regional del Tirol, el Ferdinandeum, y del castillo de Ambras, situado a pocos kilómetros de Innsbruck. Este palacio fue la residencia del archiduque Fernando, un gran coleccionista al que debemos la cámara de las maravillas y la armería del castillo. Las obras de Rubens y Velázquez que allí se exponen entraron en las colecciones mucho después de su muerte, en 1595: el primero tenía 18 años y el segundo aún no había nacido.
Innsbruck es una cita ineludible para los apasionados de los Juegos Olímpicos. Verás varias instalaciones que dan fe de estas competiciones de prestigio, en especial el trampolín de saltos de esquí de Bergisel. Además de los paseos urbanos, toma el teleférico hasta el macizo de la Nordkette, que ofrece rutas de senderismo en plena naturaleza.
¿Cuándo ir?
Tanto en verano como en invierno, Innsbruck ofrece actividades constantes. Destacan los espléndidos mercados de Navidad en diciembre y los festivales de julio y agosto, siendo el más conocido el festival de música antigua, que se celebra en los monumentos más emblemáticos de la ciudad.
¿Cómo llegar?
Es posible llegar a Innsbruck en avión gracias a su pequeño aeropuerto. Desde España lo habitual es volar con escala, ya sea a ese aeropuerto o a Múnich, que está a dos horas de Innsbruck en tren directo.
Guardo un recuerdo muy bueno de mi paso por Innsbruck (a pesar de un terremoto de 4.9 :)). El centro de la ciudad es muy agradable, se come bien y el entorno natural es absolutamente magnífico, una ciudad dentro de la montaña en cierto modo. No hay que perderse la subida en el funicular ultramoderno de la montaña Nordkette, y la visita al Alpenzoo de camino a esa subida.