Visitar el Cerro Calvario
Cuando escuchas hablar de Copacabana, es común que tu mente vuele hacia la famosa playa de Rio de Janeiro. Sin embargo, en el oeste de Bolivia, a orillas del lago Titicaca, existe otra ciudad con el mismo nombre. En su núcleo urbano se alza una colina icónica llamada Cerro Calvario.
Un lugar turístico
Esta elevación es uno de los puntos más visitados de la zona. Su principal atractivo es una panorámica privilegiada que abarca la ciudad, el lago Titicaca y, en días despejados, permite divisar las islas de la Luna y del Sol. El sendero, de poco más de un kilómetro, comienza directamente en la ciudad. Una calle asciende hacia la base de la colina, donde el punto de partida está marcado por la iglesia de Colquepata. Los viajeros suben tanto para contemplar el atardecer sobre el agua como para participar en las procesiones religiosas que tienen lugar aquí.
Un lugar de fe
A lo largo de la subida encontrarás estaciones que representan el viacrucis. Durante el Viernes Santo, miles de peregrinos llegan a pie desde La Paz, recorriendo más de 100 km. Desde allí, inician una procesión que parte de la catedral de la Virgen de Candelaria y culmina en la cima, donde los fieles portan velas, rezan a la Virgen y piden favores.
Esta montaña también es un epicentro de la espiritualidad andina. En agosto, los devotos honran a la Pachamama, la diosa madre tierra. Como parte de sus rituales, ofrecen flores, rocían cerveza y queman fetos de llama en su honor.
Durante el ascenso al Cerro Calvario
La subida te llevará hasta los 3975 metros de altitud. En el camino, verás vendedores que ofrecen bebidas y comida, además de pequeñas réplicas en plástico de camiones y casas. Existe la creencia de que, al llegar a la cima, puedes solicitar a la Virgen una vivienda nueva o un vehículo, utilizando estos objetos como símbolos de tu petición.
El Cerro Calvario combina una vista panorámica del entorno con una inmersión profunda en las tradiciones locales.
Pequeña caminata por la colina con algo de desnivel para disfrutar de una vista preciosa del pueblo de Copacabana y el Lago Titicaca al atardecer. La vista es ciertamente bonita, pero hay que pasar por alto el camino para subir, que se ha vuelto muy turístico, con los viajeros yendo uno tras otro en fila india. Nos comentaron que hay bastantes desperdicios en el sendero y también te encuentras con Yatiris (sacerdotes aimaras) que te detendrán para ofrecerte leerte el futuro.