Visitar el Monte Rushmore
En el corazón de las Black Hills, en Dakota del Sur, se alza un monumento que forma parte del imaginario colectivo: el Monte Rushmore. La ladera de esta montaña, que alberga cuatro rostros presidenciales de 18 metros de altura, es un icono indiscutible de la cultura popular.
Historia
Geológicamente, la montaña no tiene nada de excepcional. Se trata de un batolito compuesto principalmente de granito, similar a tantas otras formaciones que se encuentran por todas las Black Hills.
Este lugar ya era especial mucho antes de la llegada de los colonos, pues constituía un punto de peregrinaje para los indios lakotas. Conocido por ellos como los seis abuelos o la montaña del puma, recibió también nombres como Sugarloaf Mountain o Keystone Cliffs. Finalmente, el abogado neoyorquino Charles Rushmore lo descubrió durante una expedición en 1885, y el nombre le fue asignado de manera oficial en 1930.
La idea de intervenir el Monte Rushmore surgió en 1923, impulsada por el historiador Doane Robinson con el objetivo de fomentar el turismo en la zona. Robinson contactó con el escultor Gutzon Borglum para evaluar la viabilidad del proyecto. Fue el propio artista quien descartó la montaña original por su mal estado y seleccionó el emplazamiento actual.
Tras obtener el visto bueno del presidente Calvin Coolidge, el proyecto arrancó en 1925.
Entre el 4 de octubre de 1927 y el 31 de octubre de 1941, el escultor y un equipo de 400 obreros tallaron los rostros de 18 metros de los cuatro presidentes elegidos. George Washington, Thomas Jefferson, Abraham Lincoln y Theodore Roosevelt quedaron así inmortalizados en la roca.
El diseño original contemplaba esculpir los bustos completos, pero el fallecimiento del artista y la falta de presupuesto impidieron completar la obra tal y como se había planeado.
El Monte Rushmore hoy
Durante la década de 1990, se llevaron a cabo numerosas obras para mejorar la experiencia de los visitantes, incluyendo la creación de museos, oficinas de turismo y senderos señalizados. Actualmente, el recinto recibe más de 2 000 000 de visitantes cada año.
Un memorial estadounidense de dimensiones imponentes.
Hay visitas que no son originales pero que son un poco obligatorias. El Monte Rushmore es una de ellas. Cruzando los Estados Unidos, después de Yellowstone, nos dimos una vuelta por allí para ver si son tan impresionantes en la realidad como en el cine.
Efectivamente, no deja de ser un decorado precioso. En plena naturaleza, esas cabezas gigantes que salen de la montaña son a la vez extrañas y fascinantes.
Seguramente no volveré, pero me alegro de haberlo visto. Creo que había que hacerlo una vez en la vida, un poco como la Estatua de la Libertad o el Gran Cañón.