El Santuario Hakusan de Bunkyo, un refugio de hortensias y leyendas
En el corazón del barrio de Bunkyo, conocido por sus universidades y su aire histórico, se alza un santuario fundado en el año 948 que ha logrado conservar su esencia a lo largo del tiempo. Las linternas de piedra flanquean el camino, los gatos se mueven sigilosamente entre la vegetación y, cada junio, una explosión de color convierte este espacio de recogimiento en un jardín de ensueño.
Un santuario entre la historia imperial y la revolución
Trasladado a su ubicación actual en 1655, el Santuario Hakusan de Bunkyo debe su nombre al Monte Hakusan en la prefectura de Ishikawa, una de las cumbres más sagradas de Japón. Su relevancia creció cuando se instaló cerca de la residencia del quinto shogun Tokugawa Tsunayoshi, lo que le garantizó el apoyo del shogunato desde entonces. Durante la era Meiji, en 1868, el emperador seleccionó diez santuarios para que fueran los pilares espirituales de la nueva capital, conocidos como Tokyo Jissha, y Hakusan fue uno de los elegidos.
¿El dato más sorprendente? En 1910, Sun Yat-sen, padre fundador de la República de China, observó el paso del cometa Halley desde este recinto. Aquella visión celestial lo llenó de determinación para impulsar la revolución en su país. Hoy, un monumento de piedra recuerda este episodio histórico en el interior del complejo.
El festival de las hortensias, el alma del santuario en junio
Cada año, a mediados de junio, más de 3000 hortensias florecen alrededor del santuario y en el parque Hakusan adyacente, creando un mosaico de tonos azules, rosas y blancos. El Bunkyo Ajisai Matsuri atrae a multitud de visitantes que buscan disfrutar de esta floración en plena temporada de lluvias.
Los fines de semana, el festival se llena de vida con procesiones de mikoshi, puestos de comida, actuaciones y hasta consultas dentales gratuitas. Los senderos estrechos que suben hacia el Fujizuka, una colina artificial que recrea el Monte Fuji, se cubren de flores y abren sus puertas al público de forma excepcional durante estas fechas.
El consejo de amigo: Llega antes de las 9:00 los fines de semana del festival para evitar las aglomeraciones, pero ten en cuenta que la oficina de sellos no abre hasta las 10:00. ¿La solución inteligente? Aprovecha la tranquilidad de la mañana para fotografiar las hortensias y luego visita el jardín botánico de Koishikawa, que está muy cerca, antes de volver a por tu sello.
Diosas, salud dental y gatos: las curiosidades del recinto
Hakusan venera a Kikurihime, la diosa del matrimonio, a quien se le atribuye el poder de fortalecer los vínculos familiares y reconciliar parejas. Por esta razón, el lugar es un refugio para quienes buscan armonía sentimental. Sin embargo, su faceta más curiosa es la relación que mantiene con el alivio de los dolores de muelas.
Según la leyenda, una emperatriz rezó aquí para curar una dolencia dental y su deseo fue concedido. Durante la era Edo, el santuario repartía palillos entre los fieles que buscaban alivio. Hoy, durante el festival de las hortensias, puedes depositar tu cepillo de dientes usado en una caja para una ceremonia especial. Es una práctica única en Japón.
El santuario también alberga una importante población de gatos, que se dejan ver sobre todo por la mañana y al atardecer entre los arbustos y los catorce almacenes de mikoshi repartidos por el terreno. Estos depósitos de santuarios portátiles son una prueba viviente de la riqueza histórica del lugar.
La experiencia del santuario en el día a día
Más allá de la efervescencia estival, Hakusan se puede visitar durante todo el año en un ambiente de calma absoluta. El barrio que lo rodea conserva un encanto de la era Showa con numerosos cafés de estilo retro, lejos de cualquier cadena internacional. Los estanques de purificación situados en la entrada son realmente bellos, y los komainu (perros león guardianes) que custodian el acceso lucen unos inusuales ojos dorados.
Me encantan estas flores y el ambiente de los templos japoneses. ¡Así que este lugar era perfecto para mí! Hay que ir en junio para disfrutarlo al máximo. Sí, hay gente, pero igual que con la floración de los cerezos. Además, merece la pena. Las plantas son preciosas. Un lugar mágico y muy verde.