Basílica de Santa María la Mayor: dieciséis siglos de arte bajo un techo de oro americano
Levanta la vista. Ese artesonado que brilla sobre la nave central es oro traído de América por Cristóbal Colón, un regalo de los Reyes Católicos de España al papa Alejandro VI a finales del siglo XV.
Esta anécdota resume la ambición de la Basílica de Santa María la Mayor: desde su fundación en el año 432, cada época ha querido dejar su huella sin borrar las anteriores.
¿Por qué visitar la Basílica de Santa María la Mayor?
Roma alberga más de 900 iglesias. De todas ellas, solo cuatro ostentan el título de basílica papal mayor. Santa María la Mayor es la más grande de las 80 iglesias romanas consagradas a la Virgen y la única de las cuatro basílicas mayores que conserva su estructura paleocristiana original. Sus mosaicos del siglo V, que aún decoran la nave, son de las obras de arte cristiano más antiguas que se pueden ver en Roma.
Desde abril de 2025, la basílica tiene una relevancia añadida: el papa Francisco reposa allí, en un sepulcro de mármol de Liguria con la sencilla inscripción "Franciscus", situado entre la Capilla Paulina y la Capilla Sforza. Esta elección personal del pontífice, quien acudía a rezar aquí antes y después de cada viaje apostólico, ha convertido el lugar en un centro de peregrinación fundamental.
Un despliegue de arquitectura a lo largo de quince siglos
La nave y sus columnas antiguas
La nave central se extiende 86 metros, flanqueada por 40 columnas jónicas, algunas de las cuales provienen de antiguos templos romanos. El suelo de mármol cosmatesco, con sus patrones geométricos del siglo XII, cruje sutilmente bajo los pies. El ambiente es fresco incluso en pleno verano, con un ligero aroma a cera. Sobre nuestras cabezas, los mosaicos del siglo V despliegan escenas del Antiguo Testamento con una viveza cromática que desafía el paso del tiempo.
Las dos capillas rivales
A ambos lados del altar papal, dos capillas monumentales se contraponen. La Capilla Sixtina (que no debe confundirse con la del Vaticano) fue erigida por el papa Sixto V entre 1585 y 1590. Frente a ella se encuentra la Capilla Paulina, encargada por Pablo V en 1611, que alberga el icono de la Salus Populi Romani, una representación de la Virgen de al menos mil años de antigüedad que la tradición atribuye a san Lucas. Sus dorados y mármoles policromados compiten en opulencia con su vecina.
La fachada y el campanario
La actual fachada barroca data del jubileo de 1750 y fue diseñada por Ferdinando Fuga. Detrás de su Logia de las Bendiciones oculta mosaicos medievales de Filippo Rusuti. El campanario de ladrillo, construido en el siglo XIV, alcanza los 75 metros: es la torre de campanas más alta de Roma y resulta visible desde numerosos puntos de la ciudad.
Tesoros que no puedes perderte
Durante tu visita, presta atención a:
- El artesonado dorado de Giuliano da Sangallo, recubierto con oro del Nuevo Mundo
- Los mosaicos del ábside firmados por Jacopo Torriti (1295), que representan la Coronación de la Virgen
- La Sacra Culla, un relicario de cristal de roca que contiene cinco piezas de madera de sicomoro, presentadas como fragmentos del pesebre de Belén
- La tumba de Bernini, sorprendentemente sobria para el genio del barroco romano, ubicada en la nave lateral derecha
- El primer pesebre esculpido de la historia, obra de Arnolfo di Cambio en el siglo XIII
Consejo de amigo: la basílica abre a las 7:00. A esa hora, la luz de la mañana atraviesa la nave y los mosaicos adquieren un fulgor dorado que la multitud de mediodía no te dejará apreciar. Es también el mejor momento para observar el techo sin empujones. Para los espacios de pago (Logia, Sala de los Papas, escalera de Bernini, zona arqueológica subterránea), reserva con antelación por internet, especialmente en año jubilar.
El milagro de la nieve y la fiesta del 5 de agosto
La leyenda fundacional cuenta que en el año 352, la Virgen apareció en sueños al papa Liberio y a un patricio romano, pidiéndoles que construyeran una iglesia en el lugar donde nevara al día siguiente. El 5 de agosto, en plena canícula estival, la colina del Esquilino amaneció cubierta de blanco.
Cada año, la basílica conmemora este episodio con una lluvia de pétalos de rosas blancas que se lanzan desde el techo durante la liturgia. La ceremonia atrae a una multitud considerable: llega muy temprano si deseas asistir.
Horarios
*Información sujeta a cambios
Roma cuenta con muchísimos monumentos religiosos, pero esta basílica es una visita obligada. Es realmente magnífica tanto por fuera como por dentro. Está ricamente decorada con dorados por todas partes y los techos son magníficos. Os recomiendo encarecidamente que la visitéis.