Visitar Las Ramblas
Ya la llames la Rambla o las Ramblas, esta avenida de Barcelona es un icono indiscutible. Flanqueada por plátanos, es el eje central de la ciudad. Siempre llena de vida, ofrece un paseo de 1200 metros entre la plaza de Cataluña y el Port Vell. Su nombre proviene precisamente de su división en cinco tramos, conocidos como ramblas. Es el lugar predilecto de los visitantes y el emblema más famoso del centro urbano.
Cinco ambientes para una avenida mítica
A pesar de su popularidad actual, la Rambla conserva un aire del siglo XIX gracias a sus quioscos y a su arquitectura. Vista desde arriba, entre la sombra de sus plátanos, parece un río verde que atraviesa la ciudad. La realidad no dista mucho de esa imagen, ya que por aquí discurría el arroyo Riera d'en Malla hasta 1850. Su parte central es peatonal y sus cinco ramblas comienzan con la de Canaletes y su famosa fuente de bronce y oro de 1860. Dice la leyenda que quien bebe de su agua, regresa a Barcelona. En la Rambla dels Estudis destaca la iglesia de Betlem, terminada en 1732, uno de los escasos ejemplos de arquitectura barroca en la ciudad. Al continuar hacia la Rambla de Sant Josep, el mercado de la Boqueria llena de movimiento el lugar, donde también se encuentran los tradicionales puestos de flores. Bajo tus pies, el mosaico del Pla de l'Os de Joan Miró es una parada obligatoria. En la Rambla dels Caputxins, los artistas callejeros, músicos y estatuas humanas ponen el toque de color, además de ser el punto más cercano al Palau Güell y al Gran Teatre del Liceu. Por la noche, es recomendable extremar las precauciones en esta zona. Finalmente, la Rambla de Santa Mònica y sus retratistas cierran el paseo. Allí encontrarás numerosos restaurantes y bares antes de llegar al mirador de 60 metros dedicado a Cristóbal Colón, donde el mar está a solo unos pasos. Exquisita y a veces demasiado concurrida, la Rambla sigue siendo el paseo imprescindible.
Tenía curiosidad por ver esta famosa avenida en persona. El paseo es agradable, con sus plátanos, sus quioscos y, sobre todo, sus artistas callejeros. Pero siempre hay muchísimos turistas, lo que hace que el lugar pierda un poco de encanto. Muy turístico, pero aun así hay que verlo cuando vienes a Barcelona.