Visitar el Castillo del Huevo
Dos rocas que forman un islote, los restos de una villa romana, un poeta mago y un huevo: esta es la sorprendente receta del Castillo del Huevo. Al sur de Nápoles, frente al paseo marítimo y los barrios elegantes, este imponente edificio es el castillo más antiguo de la ciudad. Sobre su pequeña isla, la Megaride, se concentra gran parte de la historia napolitana y sus leyendas. Su muralla protege el puerto de Borgo Marinari, un antiguo pueblo de pescadores repleto de restaurantes. Este sitio emblemático, hoy unido a tierra firme, resulta fascinante.
Un castillo mágico sobre una isla mítica
Incluso antes de que naciera Neapolis, la Megaride era célebre hasta en Grecia: se dice que aquí fue enterrada la sirena Parténope. La isla fue elegida por los colonos griegos como punto de anclaje en el siglo VII antes de nuestra era, y más tarde un rico patricio romano mandó construir allí el Castellum Lucullanum. Tras albergar un monasterio, fue en 1140 cuando el rey normando Roger ordenó erigir el castillo. Con el paso de los años, el Castillo del Huevo adoptó su forma actual con torres cilíndricas defensivas y un camino de ronda. Sus fortificaciones dominan una calzada de más de 100 metros de longitud y, tras ella, un largo promontorio atrae a quienes buscan la brisa marina. Las vistas a la bahía y al paseo marítimo son sublimes. Este balcón atemporal posee una magia especial que impregna hasta su propio nombre, derivado de una leyenda según la cual el poeta y mago Virgilio escondió en el subsuelo del castillo un huevo con poderes sobrenaturales, destinado a proteger a la ciudad de cualquier catástrofe. Un mito medieval tan arraigado que, cuando el edificio sufrió daños en 1370, la reina Juana I tuvo que calmar a la población asegurando que había reemplazado el huevo. Un territorio fabuloso, lleno de relatos que conforman la Historia, de leyendas que superan la realidad y de un aura que sigue muy viva.
El Castel dell’Ovo es un lugar cargado de historia con una vista magnífica de la bahía de Nápoles. El paseo hasta el castillo es agradable, sobre todo al final del día. La entrada es gratuita, lo que permite descubrir este sitio sin restricciones.
Se respira un ambiente tranquilo, lejos del bullicio del centro. Es un lugar precioso para admirar la ciudad, el mar y el Vesubio de fondo.