Visitar la Plaza Mayor
En pleno corazón del barrio de los Austrias, la Plaza Mayor ilumina con sus 129 metros de largo y 94 de ancho el centro histórico de Madrid. Situada en una ubicación privilegiada entre el Palacio Real y la Puerta del Sol, es un espacio de vida cotidiana realzado por edificios de valor incalculable. Su arquitectura imponente, que equilibra rigor y encanto, resulta imprescindible y ha marcado la ciudad desde el siglo XV, cuando se la conocía como Plaza del Arrabal.
La elegancia de un entorno histórico suntuoso
La inmensidad de la Plaza Mayor impresiona desde el primer momento. Su explanada rectangular, pavimentada y colorida, parece extenderse sin fin. En el centro, la estatua de Felipe III, una obra de arte de 1616 que muestra al monarca a caballo, preside el lugar con énfasis. La plaza, rodeada de arcadas donde las terrazas despliegan sus mesas en cuanto llega el buen tiempo, resulta suntuosa. Sus fachadas de ladrillo rojo presentan una uniformidad que impone respeto. Entre estos edificios, la planta baja de la Casa de la Panadería destaca por su belleza singular. En sus murales se aprecian figuras mitológicas; desde 1590, este edificio funcionaba como la panadería principal donde se fijaba el precio del pan, y su arquitectura, firmada por Diego Sillero, sirvió de modelo para el resto de las construcciones. Antigua residencia real, hoy alberga la Oficina de Turismo. Nueve accesos bajo los arcos conectan el recinto con las calles adyacentes, siendo el más monumental el Arco de Cuchilleros. Su escalinata de pendiente pronunciada conduce a edificios pintorescos y tabernas. Antiguamente, los cuchilleros se instalaban allí mismo, cuando la plaza funcionaba como el mercado principal de Madrid. Bajo sus 237 balcones de hierro forjado, el espacio acoge hoy el famoso mercado de Navidad, además de numerosas fiestas y eventos. Obra del arquitecto Juan de Herrera y reconstruida tras varios incendios por García de Quiñones, la Plaza Mayor continúa su historia con la misma prestancia de siempre.
La llegada a esta plaza gigantesca de arquitectura impresionante me dejó muy impactada. Los edificios antiguos son preciosos al final del día con su color anaranjado. Es un lugar siempre animado gracias a sus restaurantes, sus tiendas y sus numerosos eventos. No les aconsejo comer allí, porque es caro y encontrarán cosas mucho mejores en otro sitio. Pero para disfrutar de una copa en una terraza, es el lugar ideal.