Qué saber sobre la comuna de Bora Bora
Aldeas y vida local
Situada en el archipiélago de la Sociedad, en Polinesia Francesa, la comuna de Bora Bora se compone de la isla principal y un conjunto de islotes (motus) que la rodean. Aunque es mundialmente conocida por su laguna y sus hoteles de lujo, la vida local se concentra en varias aldeas que reflejan el encanto auténtico polinesio.
Vaitape: el corazón administrativo y comercial
Vaitape, la principal aldea de la isla, es también su centro administrativo y económico. Aquí reside la mayoría de la población y se encuentran la alcaldía, la iglesia principal, las escuelas y numerosos comercios. Vaitape alberga además un mercado local donde los habitantes y visitantes se reúnen para comprar frutas tropicales, pescado fresco u objetos artesanales. El puerto de Vaitape es un punto de llegada frecuente para las lanzaderas marítimas que vienen del aeropuerto y para los barcos de crucero.
Faanui: una aldea tradicional
Al norte de la isla, Faanui es una aldea más tranquila, rodeada de vegetación y vestigios históricos. Allí se encuentran los marae, antiguos lugares sagrados polinesios, que dan fe de la rica historia espiritual de Bora Bora. Los habitantes viven a menudo de actividades agrícolas, artesanales y de la pesca, lejos del turismo de masas.
Anau: entre naturaleza y tranquilidad
Al este, Anau es una pequeña aldea que ofrece un ambiente apacible y familiar. Es especialmente apreciada por su acceso a la naturaleza y sus pequeñas pensiones familiares. Allí se percibe mejor el ritmo polinesio, entre plantaciones de cocoteros y panoramas sobre la laguna.
Mucho más que un simple destino de playa
Así pues, la comuna de Bora Bora, aunque turística, permanece profundamente anclada en sus tradiciones, donde cada aldea posee una identidad única. Al explorar estos lugares, los visitantes descubren otra faceta de la isla, muy alejada de los clichés de postal.
No dejes de alejarte del ambiente lujoso de los resorts para conocer a los habitantes de Bora-Bora. Es la ocasión perfecta para degustar platos típicos: como es de esperar, el mar es el protagonista con deliciosos platos de marisco y pescados crudos o cocinados.
En cuanto a la artesanía, uno sucumbe ante el arte polinesio (esculturas de madera, cestería o pinturas). Un dato desconocido para los vacacionistas es que Bora-Bora es también un lugar cultural apasionante. Se puede visitar el Museo de la Marina y su colección privada de maquetas de barcos. Los aficionados a la arqueología disfrutarán descubriendo los vestigios de época repartidos por toda la isla (terrazas de antiguas viviendas, fosas de almacenamiento, cañones abandonados por el ejército estadounidense...).
¿Cómo llegar?
Armate de paciencia para llegar a este destino: con las diversas escalas, el viaje dura al menos 24 horas. Un billete de avión para Tahití te costará entre 700 y 1200 euros según la temporada. Después, varias conexiones diarias te llevarán hasta la isla de Bora-Bora.