Visitar el Castillo de San Juan, el vigía de Blanes
Dominando la ciudad y el Mediterráneo desde lo alto de su colina, la torre del Castillo de San Juan es el auténtico faro terrestre de Blanes. Es una silueta familiar, un recordatorio constante de la convulsa historia de la costa y, sobre todo, la promesa de un panorama absolutamente imponente.
¿Por qué merece la pena la ascensión?
El principal atractivo de este castillo, o mejor dicho de lo que queda de él, no reside tanto en sus muros como en las vistas que ofrece. Llegar a la cima es regalarse una postal viva y una lección de geografía. La torre se alza a más de 170 metros sobre el nivel del mar, lo que proporciona una perspectiva única para entender la disposición de la ciudad, su puerto y su línea costera.
Es una inmersión en el pasado de la Costa Brava, en la época en que esta torre de vigilancia era esencial para otear el horizonte y prevenir las incursiones de piratas.
Un balcón a 360 grados sobre la costa catalana
El espectáculo desde la torre es la recompensa definitiva al esfuerzo. Por un lado, la mirada se pierde sobre el puerto pesquero de Blanes, sus barcos coloridos y el ajetreo de la lonja. Por el otro, la larga curva de la playa de S'Abanell se extiende hacia el sur, hasta el delta del río Tordera. Es el lugar perfecto para observar:
- El roque de Sa Palomera, que marca el inicio oficial de la Costa Brava.
- El trazado de la ciudad, desde el casco antiguo hasta el barrio moderno de Los Pinos.
- El litoral salvaje en dirección a Lloret de Mar.
- En días despejados, la silueta lejana de los rascacielos de Barcelona y la montaña de Montjuïc.
Una historia grabada en piedra
Los orígenes del castillo se remontan a mediados del siglo XI, bajo el mando de los vizcondes de Cabrera, poderosos señores de la región. Su función era puramente defensiva: una fortaleza y torre de vigilancia para proteger el territorio. Aunque fue destruido en gran medida durante siglos, el torreón ha sido restaurado y sigue siendo el testigo más impresionante de aquella época medieval.
Justo al lado se encuentra la ermita de Sant Joan Baptista, un pequeño santuario con raíces igualmente antiguas. La sencillez de la capilla contrasta con la grandeza del panorama, creando una atmósfera de serenidad y humildad frente al paisaje.
El consejo de amigo: La subida a pie desde el centro puede ser exigente, sobre todo en verano. Es posible acercarse en coche por una carretera sinuosa, donde hay un pequeño aparcamiento disponible cerca de la ermita. Esto te permitirá guardar energía para disfrutar del lugar y explorar los alrededores.
La subida es bastante física, sobre todo si hace calor. El castillo en sí no tiene mucho interés, pero la vista de la ciudad y la costa es espectacular.