Visitar la Ciudadela de Bonifacio
La Ciudadela de Bonifacio, erigida sobre un acantilado de piedra caliza, es uno de los enclaves más representativos de Córcega. Fundada en el siglo IX por los toscanos, esta impresionante fortaleza ofrece vistas directas al Mediterráneo y al estrecho de Bonifacio.
Pasear por el casco antiguo fortificado
Al recorrer las callejuelas del casco antiguo, encontrarás edificios históricos, iglesias antiguas y casas de fachadas tradicionales. La subida al Bastion de l’Étendard (Bastión del Estandarte), el más grande de Francia, te permitirá profundizar en la historia de Bonifacio y observar el paisaje desde una posición privilegiada.
Los imprescindibles de la Ciudadela
No te pierdas la Escalier du Roi d’Aragon (Escalera del Rey de Aragón), una serie de 187 peldaños excavados en el mismo acantilado, cuya leyenda cuenta que fueron tallados en una sola noche por las tropas aragonesas. El esfuerzo merece la pena por la perspectiva que ofrece del entorno.
La ciudadela alberga además varios espacios culturales, como el Musée de la Mer (Museo del Mar), donde se detalla el pasado marítimo de Bonifacio. Durante tu recorrido, también puedes visitar la église Sainte-Marie-Majeure (iglesia de Santa María la Mayor) y la chapelle Saint-Roch (capilla de San Roque).
Al caer la tarde, aprovecha los restaurantes y cafeterías de la zona para probar especialidades corsas mientras contemplas el atardecer sobre el mar.
Qué hacer en los alrededores
Los amantes de la naturaleza disfrutarán de los sentiers de randonnée (senderos de senderismo) que rodean la ciudadela, con vistas a los acantilados, las cuevas marinas y las playas recónditas. Una excursion en bateau (excursión en barco) desde el puerto de Bonifacio es la mejor forma de explorar los acantilados y las cavidades naturales de cerca.
La Ciudadela de Bonifacio es una de las más bonitas. Para empezar, la vista es magnífica. Pero también se siente que se trata de una fortaleza que ha resistido muchas invasiones. La historia está presente por todos lados. Por ejemplo, me gusta mucho la escalera del Rey de Aragón, ¡literalmente excavada en el acantilado! La ciudadela está realmente al borde del precipicio, lo que le da un toque vertiginoso. ¡Da la impresión de que podría caerse al mar!