Visitar el Puente romano de Cangas de Onís
En el norte de España, las Asturias son célebres por sus inmensos valles verdes y su naturaleza de carácter indómito. Sin embargo, en Cangas de Onís, la localidad de montaña que sirve de puerta de entrada al Parque Nacional de los Picos de Europa, son las piedras las que acaparan el protagonismo. Las del Puente romano de Cangas de Onís se han convertido en uno de sus emblemas. También llamado Puenteón, este monumento que atraviesa el río Sella es una parada obligatoria. Aunque no es de grandes dimensiones, destaca por la particularidad de tener una cruz colgada en su centro, un elemento estético que enmarca el paisaje y lo convierte en el favorito de los fotógrafos.
Una réplica de la Cruz de la Victoria suspendida en el arco
Se le conoce popularmente como romano, pero su construcción, tal como la admiramos hoy, se remonta a la Edad Media. Está datada entre los años 1311 y 1350, bajo el reinado de Alfonso XI. Sus gruesos contrafuertes y ciertos detalles de su factura técnica sugieren, no obstante, que el Puenteón fue edificado sobre una antigua calzada romana. Sus líneas son a la vez sencillas y estilizadas, presentando un gran arco central flanqueado por otros dos laterales más pequeños. A veces basta un detalle para marcar la diferencia, y el destino del Puente romano de Cangas de Onís habría sido muy distinto sin esa cruz que pende en su centro. Es, sin lugar a dudas, lo que define su encanto. Se trata de una réplica de la Cruz de la Victoria, joya del arte prerrománico cubierta de oro y piedras preciosas, que constituye el símbolo por excelencia de las Asturias. Mientras que la pieza original se conserva en la Catedral de San Salvador de Oviedo, la de Cangas de Onís hace las delicias de los visitantes. Coloreada y suspendida por dos cadenas, actúa como la firma de un puente que, hasta el siglo XIX, era el único punto para cruzar el río. En una región fronteriza con Cantabria, su importancia estratégica era mucho mayor que su valor puramente estético. Hoy en día, es uno de los motivos principales para visitar este pueblo pintoresco, también famoso por su tradición quesera.
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*Información sujeta a cambios
La particularidad de este puente es que tiene 2000 años. Sigue siendo funcional y todavía se puede cruzar para pasar por encima del río.
Dicho esto, no me parece que el puente en sí sea impresionante. Es relativamente pequeño y no está muy bien conservado. El interés reside más bien en el entorno: el barrio, el río donde uno puede refrescarse los pies, los paseos por la naturaleza de los alrededores. En resumen, un buen momento en familia o en pareja.