Visitar el Parque del Monte Real
Al ser la zona protegida más antigua de la provincia de Quebec, existe el compromiso de mantener el equilibrio entre la naturaleza y la civilización. El Parque del Monte Real, el gran jardín público de Montreal, cumple esta función con éxito.
Historia
En 1853, un concejal llamado coronel Alexander Allan Stevenson propuso convertir la montaña del Monte Real en una zona protegida. Sin embargo, tuvieron que pasar 10 años antes de que la ciudad decidiera adquirir los terrenos de la montaña para transformarlos en parque.
Su diseño fue obra casi en su totalidad de Frederick Law Olmsted, quien ya contaba con experiencia previa, ya que es el responsable del Central Park de Nueva York. Preparó un proyecto ambicioso que incluía dos miradores y respetaba la topografía original. Aunque algunos promotores inmobiliarios intentaron oponerse al proyecto, el parque fue finalmente inaugurado el 24 de mayo de 1876 tras una inversión de 1 millón de dólares (920.000 EUR aprox.).
El parque sufrió daños considerables tras una tormenta en 1998 y necesitó varios años para recuperar su estado original. En 2005, una parcela de 30.000 m² fue declarada habitat floristique du Parc du Mont Royal (hábitat florístico del Parque del Monte Real). Allí se protege la Podophylle Pelté (podófilo de peltado), una planta amenazada en Quebec.
El Parque del Monte Real
Los dos miradores son lugares perfectos para descansar, pero el belvédère Kondiaronk (mirador Kondiaronk) ofrece una vista panorámica excepcional de la ciudad. Es el punto ideal para los fotógrafos.
En verano, muchos visitantes aprovechan las zonas verdes que rodean el lac aux Castors (lago de los Castores) para hacer un pícnic junto al agua. Después, puedes visitar la Glyptothèque (la Gliptoteca), un museo dedicado a la escultura y la piedra grabada. Al cruzar el bosque denso de la Fougeraie (el helechal) a través del sentier Serpentin (sendero Serpentino), volverás a encontrarte con el ritmo urbano.
Un espacio natural privilegiado en pleno corazón de la ciudad.
No hay nada mejor para desconectar y respirar aire puro. Me encantó ir para contar las ardillas, observar la ciudad desde las alturas y salir a correr. Un parque formidable escondido en medio de la metrópoli.