El santuario donde la tierra misma prendía fuego
Entras en un patio pentagonal fortificado, ceñido por muros de piedra coronados de almenas. En el centro, un altar mantiene una flama continua, rodeada de veinticuatro celdas que antes ocupaban los peregrinos.
El lugar debe su existencia a una peculiaridad geológica: la península de Absheron rebosa de gas natural, capaz de brotar espontáneamente del suelo y de inflamarse al contacto con el aire.
Por qué visitar el Atəşgah
El edificio que visitas hoy fue construido a partir de los siglos XV y XVII por mercaderes hindúes instalados en la península al ritmo de las caravanas comerciales. El siglo XVIII le añade oratorios, celdas y un caravasar, antes de que el templo-altar central, la parte más reciente del complejo, se erigiera en 1810 con el apoyo del comerciante Kanchangar.
El sitio ha atraído a viajeros de renombre, entre ellos el escritor Alejandro Dumas en el siglo XIX, testigo de esas llamas que la tierra producía entonces sin intervención humana.
Inscripciones venidas de la India
En los muros del templo, puedes observar veintitrés inscripciones grabadas: dieciocho en devanagari, dos en gurmukhi, dos en landa y una sola en persa. El símbolo de la esvástica hindú aparece en seis de ellas, huellas tangibles de los cultos zoroástrico, hindú y sij que se cruzaron aquí.
Un museo en las celdas de peregrinos
Las antiguas celdas que rodean el patio se han transformado en salas de exposición. En ellas descubres sobre todo escenas reconstituir con maniquíes, que ilustran las prácticas ascéticas extremas de los antiguos adoradores del fuego, entre ellas la costumbre de acostarse directamente sobre las brasas.
La llama natural del sitio se apagó en el siglo XX, víctima de la explotación intensiva del petróleo y del gas en la región. La que ves arder hoy en el altar se alimenta mediante una conducción de gas artificial.
Cuánto dura esta actividad
Calcula entre 1 y 2 horas para recorrer el complejo y su museo.
*Información sujeta a cambios
Me gustó mucho la visita al templo del fuego. Es muy interesante y permite descubrir una nueva religión. Hay muchos objetos que permiten entender mejor la historia del lugar y de sus adeptos. Es un sitio en el que reina una gran espiritualidad.